me gusta pensar que un buen amor me espera, que llegará un domingo o un mes cualquiera y que vendrá lleno de música, vino y atardeceres. Que nos reconoceremos desde el primer segundo, desde la primera sonrisa y que nunca nos dejaremos ir después de nuestro primer beso.
Me hablaron de Dios desde niña, pero realmente lo conocí en mis procesos, en mi ansiedad, en mi soledad, en los momentos donde sentía que no podía más, ahí estaba Él.