El Senado eliminó de un proyecto para abaratar Uruguay el artículo que permitía importar camiones usados. Los vendedores de 0 km y las gremiales del transporte se opusieron. En comisión hubo siete votos y ninguno a favor. Así se diseña el Uruguay caro.
La noticia la publicó hoy El País. La apertura había sido impulsada por Gabriel Oddone y el MEF explicó ante el Parlamento que buscaba abaratar los camiones manteniendo requisitos técnicos y de seguridad. Era una medida concreta para reducir costos. Encontró enfrente a los sectores que perderían protección.
Nicolás Papariello e Ignacio Paz, presidente y gerente de ACAU, representaron a los vendedores de vehículos nuevos. Papariello aseguró que su oposición no respondía a un interés comercial, pero incluyó entre los perjuicios la caída de las ventas de 0 km y de la actividad de sus redes de comercialización y servicios. Que esos negocios vendan menos porque aparece una alternativa más barata no constituye un perjuicio para el país. Sus clientes también forman parte del país.
ACAU invocó seguridad, contaminación y repuestos. Paz llegó a hablar de un «chatarrero del mundo». Si preocupan las emisiones y la seguridad, se exigen condiciones técnicas, inspecciones y trazabilidad. Un usado en buen estado puede reemplazar a un camión mucho más viejo que ya circula acá. Prohibir importarlo no rejuvenece ese vehículo: encarece la posibilidad de sustituirlo. El MEF había aclarado que la apertura estaría sujeta a requisitos.
El interés de la Intergremial de Transporte Profesional de Carga es todavía más revelador. Su presidente, Ignacio Asumendi, advirtió que la apertura podía bajar los precios y el valor de los camiones de los transportistas. Pero abaratar el acceso a un camión es precisamente lo que facilita competir a una empresa chica. Mantener la prohibición le encarece al que quiere entrar la posibilidad de comprar su herramienta de trabajo. El valor de los camiones de los instalados tampoco es una deuda que el resto de la sociedad tenga que pagar manteniendo caros los demás.
Del lado del gobierno, Asumendi atribuyó a Lucía Etcheverry informes para retirar el artículo. En julio, Papariello ya había contado en el Parlamento que Oddone le dijo que la ministra se había opuesto. Y el 21 de agosto, Daniel Caggiani anunció que el Frente Amplio votaría negativamente. La bancada terminó rechazando una apertura propuesta por su propio Ejecutivo.
En esa sesión estaban Sergio Botana, Javier García y Robert Silva. El resultado fue 0 en 7. Al menos dos de esos tres opositores votaron en contra; el registro no permite individualizarlos. Nadie defendió el artículo cuando se puso a votación. Para quienes esperan que la oposición abra mercados, el saldo fue bastante claro: ni un voto favorable.
Botana, además, había planteado «limitar el número de unidades de transporte» para «no destrozar el mercado interno». Reconocía que los 0 km eran excesivamente caros, pero quería acompañar la apertura con una restricción para proteger a los transportistas. Ese límite protege al que ya está y dificulta entrar al que viene de afuera. Esa es la trampa de la Corea del Centro: intentar conciliar una reforma con los privilegios que debería desarmar, hasta que la competencia queda subordinada a que los instalados no se sientan amenazados.
Los vendedores conservan la protección, se mantiene una barrera de entrada al transporte y la cuenta se reparte entre productores, comerciantes y consumidores. Después escuchamos que Uruguay es caro por la escala, la geografía o algún destino inevitable. Acá hay una decisión concreta que lo mantiene caro, con nombres, apellidos y cero votos para cambiarla.
@AlexanderTricol Me niego a pensar que entre los suplentes y los juveniles no hayan jugadores que los superen... De ser así, con lo poco que se necesita, hay que cerrar las formativas
Q.E.P.D. Fratti.
Después de las preguntas que le hizo un periodista con huevos, muchos huevos. De esos que, lamentablemente, parecen haberse convertido en una especie en extinción dentro de buena parte del periodismo.
Mientras algunos eligen el camino cómodo de las entrevistas guionadas, las preguntas tibias o el silencio oportuno, todavía queda quien entiende que el periodismo no está para proteger al poder, sino para incomodarlo. Para preguntar lo que muchos piensan y pocos se animan a decir.
Lo más llamativo no fueron solo las preguntas. También quedó en evidencia el intento del "viejo del gorrito" de instalar una versión de los hechos que el periodista respondió con información, datos y conocimiento del tema. Esa diferencia fue imposible de disimular.
Y mientras eso ocurría, los que estaban detrás no parecían incómodos por las respuestas del ministro, sino por las preguntas del periodista. Gestos de desaprobación, sonrisas irónicas y miradas cómplices hacia quien se atrevía a preguntar lo que muchos prefieren callar. Al parecer, les molestaba más el mensajero que el mensaje.
Tal vez, si en lugar de preocuparse tanto por repetir consignas o por el lenguaje políticamente correcto, se hubieran preocupado con la misma intensidad por las consecuencias de las decisiones que se estaban tomando, hoy no estaríamos hablando de un impacto económico que, según distintas estimaciones, podría rondar los 300 millones de dólares en ingresos para el país.
Porque cuando un periodista deja de preguntar por miedo, conveniencia o simpatía política, deja de cumplir con su función y pasa a ser apenas un espectador privilegiado del poder.
La democracia necesita menos micrófonos complacientes y más periodistas que lleguen informados, hagan preguntas incómodas y no se dejen intimidar por las caras largas de quienes preferirían que nadie preguntara.