Mi abuelo me contó la historia de que él ya sabía que el Titanic se hundiría, y dio el aviso a gritos, pero nadie le creyó, todos le miraron raro y lo echaron del cine
Julio César, un hombre que le vio la cara al abismo, se quedó sin la mujer, volvió y sigue dirigiendo por amor a esto y lo vive como todos los argentinos. El último de los hombres de algo que ya no existe.
el Diego en Nápoles no se les moría, y si se les moría en 3 días tenías a los médicos, las enfermeras y representantes colgando de un puente boca abajo. esa herida nuestra supura.
Encima nos quieren venir a correr con la discriminación y somos el primer país en votar a un presidente mogolico, no hay nadie más inclusivo que el pueblo argentino.
El futbolero está en su casa, masticando bronca, llorando, tratando de retomar fuerzas para encarar uno de los lunes más duros de su vida. Acá están los que ven futbol cada cuatro años y mucho no entienden, a veces me gustaría ser uno de ellos.
Cambiar a Molina por Montiel es como dar vueltas las pilas del control, vos sabes que siguen siendo las mismas pilas de mierda pero por alguna razón funciona