Soy Luna. Escribo desde el desorden. Convivo con TLP y con una historia atravesada por las drogas, las emociones intensas y las caídas que dejan marca.
@Vannerood Quien tiene amor propio y se quiere de verdad, lo refleja sin esfuerzo. Brilla tanto que causa furor. Porque cuando alguien sabe lo que vale, ni una bolsa de basura puede apagar su luz; al contrario, hasta envuelta en ella sigue brillando.🥰
Vivimos más conectados que nunca, pero cada vez más vacíos. Se aplaude la apariencia, se ignora el dolor y la empatía parece un lujo. Nos falta humanidad, y eso es más peligroso que cualquier crisis.
Nunca soy la prioridad de nadie. Siempre tengo la impresión de quedar en segundo plano, como si los demás encontraran tiempo y esfuerzo para todo menos para mí. Eso me hace sentir poco valorada y me pregunto si ocupo un lugar importante en la vida de las personas que quiero.
porque me plantean preguntas sobre hasta qué punto intervienen los instintos, la biología y la forma en que cada persona se percibe a sí misma. Creo que es un tema complejo que merece reflexión y respeto, aunque no siempre resulte fácil de entender."
"Entiendo y respeto orientaciones e identidades como ser gay, les o trans porque forman parte de la diversidad humana. Sin embargo, me cuesta comprender otras identidades, como los therians o la asexualidad.,
Superar el primer amor duele como nada: lloras por recuerdos que aún queman, sientes que te falta el aire, odias cada canción que te recuerda a él y poco a poco aprendes a vivir sin depender de su sombra, a seguir adelante aunque tu corazón siga roto.
59 minutos, casi una hora y ya te extraño.
Es ridículo cómo el tiempo se estira
cuando no estás, como si las agujas
del reloj pesaran más de lo normal.
Me pregunto si a ti también te falta
el aire que yo me llevé al salir.
.,...
@tattoomomcindy Si necesitas hablar algún día o incluso ahora aquí tienes alguien que te puede entender a la perfección, me mandas un mensaje y listo 😀
@Mohhn_@EspejismoMudo Sé que te duele el alma y que las palabras se te rompen antes de salir. No tienes que fingir, ni aguantarte, ni sonreír si no puedes. Llorar no te hace débil, te hace humano. Que salga dolor, que se sienta, que se entienda.llorar es hablar con el corazón cuando la boca no puede.
Las drogas están tan normalizadas en series como Euphoria o Élite que parecen parte del plan: luces, fiesta y cero consecuencias. Pero no enseñan la bajona, la ansiedad, la dependencia ni el vacío después. Venden la euforia, no la factura. Y la factura siempre llega.
La soledad no siempre llega haciendo ruido. A veces entra despacio, se sienta a tu lado y cuando te quieres dar cuenta ya te está susurrando que no vales nada. Hola, soy Luna y tengo TLP.
Y cuando me siento sola, no es una soledad normal. Es un vacío que me atraviesa el pecho, como si me hubieran quitado el aire. No es “no tener planes”, es sentir que no existes para nadie. Con TLP todo se vive al límite. Si estoy feliz, toco el cielo.
Si estoy sola, me hundo en el fondo del mar.
Y ahí es donde empiezan las malas decisiones.
Porque cuando el dolor es tan intenso, lo único que quieres es apagarlo. No piensas en consecuencias, piensas en anestesia. En algo que calle la cabeza. En algo que tape el abandono, el rechazo, el miedo a que todos se vayan.
Las drogas no llegan porque quieras destruirte.
Llegan porque quieres dejar de sentir tanto.
Al principio parece que funcionan. Te relajan. Te desconectan. Te dan esa calma que no encuentras en ningún lado. Pero luego te dejan más vacía que antes. Más dependiente. Más rota.
La soledad con TLP no es estar sola en casa.
Es sentir que aunque haya gente alrededor, nadie se queda.
Y cuando no aprendes a sostener ese vacío, buscas cualquier cosa que lo llene. Aunque te rompa.
Y sí, es duro. Muy duro.
Hay días en los que pesa demasiado.
Pero aquí sigo.
Luchando.
Cayéndome y volviendo a levantarme.
Con miedo, con heridas, pero sin rendirme.
Porque aunque a veces el vacío grite más fuerte que yo, sigo eligiendo pelear.
Hay días que sabes que tienen final y qué final, días que amanecen con un peso raro en el pecho como si el aire avisara de que algo se va a romper, de que cuando caiga la noche ya nada va a ser igual, días que no traen sorpresa sino despedida, decisión, límite, ese “hasta aquí” que te repites aunque te tiemblen las manos, puede ser el final de una relación, de una etapa, de una versión tuya que ya no daba más, y duele porque aunque supieras que iba a pasar nunca estás preparada del todo para soltar, nunca estás lista para ver cómo algo que fue importante se convierte en recuerdo, pero si un día tiene final es porque también estaba pidiendo cambio, porque hay cosas que solo se transforman cuando se cierran, y aunque ahora sientas vacío, rabia o miedo, aunque parezca que ese final lo arrasa todo, a veces es justo lo que necesitabas para no seguir rompiéndote en silencio.
Mi historia con el TLP empezó el día que exploté en un hospital. No fue una rabieta, fue un derrumbe. Grité, lloré, me desbordé, sentía que me arrancaban la piel por dentro. No entendía nada. Pasaba de amar a odiar en segundos, de querer que no me soltaran a querer desaparecer. Miedo brutal al abandono, vacío constante en el pecho, una ansiedad que me ahogaba y pensamientos oscuros que no se callaban nunca.
Después vino el caos. Impulsividad sin freno. Alcohol hasta no sentir. Drogas para apagar la cabeza. Miles y miles de euros tirados como si el dinero pudiera llenar el agujero que llevaba dentro. Relaciones intensas, destructivas, buscar validación en hombres que ni conocía, confundir deseo con necesidad. Conducir rápido, vivir al límite, jugar con el peligro. No era diversión, era autodestrucción disfrazada de adrenalina.
Me autoboicoteaba todo lo bueno. Cambios de humor extremos. Un día eufórica sintiéndome invencible, al siguiente queriendo morirme. Idealizaba y luego destrozaba. Me odiaba. Me hacía daño con palabras, con actos, con decisiones. Porque el TLP no es “ser intensa”, es sentirlo todo al mil por cien y no saber cómo sostenerlo.
Por dentro estaba muerta. Vacía. Como si nada tuviera sentido. Solo quería sentir algo que me sacara de ese vacío aunque fuera dolor. Y muchas veces solo tenía ganas de desaparecer.
Pero vivir con TLP es una guerra diaria contra tu propia mente. Es aprender a respirar cuando todo arde. Es usar herramientas cuando lo único que quieres es destruirlo todo. No es fácil, no es bonito, no es una etiqueta de moda. Es supervivencia pura.
Y aun así, aquí sigo. Rota a veces, pero luchando. Porque aunque el TLP me empuje al abismo, yo sigo eligiendo quedarme.
#Borderline #drugs #Lifestyle
Decirle a alguien ‘pues adelgaza’ cuando dice que está incómoda con su cuerpo es de una simpleza brutal. Los cuerpos no son un botón de on/off. No sabes su historia, su ansiedad, su proceso.
Estar gorda no te quita valor ni belleza. Lo que sí queda feo es opinar desde la ignorancia y la falta de empatía. Hay cuerpos grandes y hay mentes pequeñas. Y eso último sí que pesa.
Si te dice que ya no le gustas por unos kilos, escucha bien, el problema no eres tú, es él, el cuerpo cambia, tú sigues siendo tú, quien te ama de verdad no te humilla ni te hace sentir menos por engordar, si te duele que sea rabia, no culpa, y que se joda quien no te ve ni te valora de verdad.
Yo no empecé por fiesta.
Empecé porque dentro de mí había un ruido que no me dejaba en paz.
La primera vez sentí alivio.
Como si por fin alguien apagara el incendio que llevaba años ardiendo dentro. Pero ese alivio duró poco.
Después empezó la vergüenza.
Porque sí, al principio parece que te salva. Pero luego te miras al espejo y no te reconoces.
Ojos vacíos, cara apagada.
Promesas rotas acumulándose.
No consumía para pasarlo bien.
Consumía para no sentir la ansiedad que me ahogaba.
Consumía para no pensar en lo sola que me sentía incluso rodeada de gente. Y lo peor es que mientras lo hacía, sabía que me estaba haciendo daño.
Y aun así no podía parar.
Es una sensación asquerosa.
Es necesitar algo que odias.
Es sentirte débil mientras finges que lo controlas.
Es decir “mañana lo dejo” con la boca pequeña y saber que estás mintiendo. Después viene el bajón.
El vacío brutal,la culpa que te aplasta el pecho.
La paranoia.
El miedo a que alguien lo note.
Te sientes sucia.
Te sientes pequeña.
Te sientes como si estuvieras traicionándote a ti misma una y otra vez. Y luego está el rechazo.
Las miradas. Los comentarios disfrazados de consejo.
El “es que no quieres salir”.
El “si quisieras, podrías”.
Como si no estuviera luchando cada día conmigo misma.
Como si no me doliera suficiente ya. Te conviertes en el error.
Ya no eres hija, amiga, mujer.
Eres “la que consume”.
Y eso te hunde más.
Porque cuando empiezas a creerte que no vales,
es más fácil seguir haciéndote daño. Consumir no es glamuroso.
No es fuerte. No es rebelde. Es llorar sola.
Es odiarte mientras lo haces.
Es querer desaparecer cinco minutos para no sentir tanto.
Y lo más duro no es la sustancia.
Es sentir que te has fallado a ti misma.