un día deje de mover montañas por amistades que no mueven ni la mitad por mi, por quedarse, y ahí me di cuenta que siempre fui la que sostuvo vínculos hasta de donde no había por no lastimarlas, pero cuando les toca no les sale, se van.
si supieran cuanto tiempo, esfuerzo, miedo, ansiedad y lágrimas cuesta volver a reconstruirse, entenderían porque hay que tener cuidado al elegir quien entra en nuestras vidas y quien no; a veces hay personas que no les importa rompernos el alma y dejarnos vacíos por completo.