"Mario Vargas Llosa fue el creador de maravillosas historias o el relator de algunas muy necesarias, como en 'La fiesta del Chivo', pero fue también un representante del clasismo más perverso"
El cierre de @menoscanas en El Tablero 👇🏽
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Conceptos como “autocuidado” o “autogestión” ganan terreno a la noción de ser humano que precisa de la palabra, la atención y el apoyo comunitarios. La despolitización de los problemas colectivos nos aísla en nuestra individualidad para que olvidemos la fuerza de la comunidad.
Gracias, Albert Camus, por recordarnos lo obvio en este tiempo de confusión, cuando triunfan los políticos autoritarios y déspotas que consideran al adversario un enemigo.
Uno de los peligros de la autoayuda es que elude la lucha política. Al centrarse sólo en el bienestar individual, se olvida la búsqueda de justicia social. El pensamiento positivo es perverso cuando, en vez de crear reflexión y resistencia, invita a soportar cualquier situación.
Y añade: «La felicidad que procura toda creación de paz es una verdadera herencia para los hijos. Es entonces cuando los hijos podrán experimentar en sus padres que en ellos mismos hay la fuerza para crear la paz».
Eugen Rosenstock-Huessy afirma: «Allí donde los sexos no consiguen la paz, la especie humana sufre la devastación. Allí donde no se logra la paz entre hombre y mujer, se instaura la discordia por excelencia».
Ayer se cumplía un año desde el ataque de Hamás contra Israel que se saldó con más de 1200 personas asesinadas y más de 200 rehenes israelíes capturados. Hoy se cumple un año desde que el gobierno de Benjamin Netanyahu inició en la Franja de Gaza el peor genocidio del siglo XXI
El Derecho Internacional ha muerto, ha sido asesinado. Murió en los campos de la muerte de Gaza, en Cisjordania, en la invasión del Líbano, en el asalto brutal de Yemen" Tariq Ali
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Habremos perdido hasta la memoria de nuestro encuentro... y sin embargo nos reuniremos, para separarnos y reunirnos de nuevo, allí donde se reúnen los hombres muertos: en los labios de los vivos.
-Samuel Butler
SÓCRATES Y LA EDUCACIÓN EN VALORES
Desde Sócrates, la enseñanza, pública o privada, gratuita o mercenaria, ha inculcado valores. Sócrates infundió en sus alumnos un inconformismo sistemático, lo cual le costó un juicio por inmoralidad y una cita con una copa de cicuta. Todos los que afirman que el cometido de la escuela es transmitir destrezas técnicas y no valores ignoran la historia de la educación. En la Academia, Platón no se limitó a ensañar aritmética, geometría, filosofía y otras materias. Además, fomentó un concepción elitista de la política, según la cual una minoría de sabios debía gozar de un poder ilimitado, sin someterse al juicio de la plebe. En el Liceo, Aristóteles combatió la idea de extender la ciudadanía a los bárbaros, subrayando que ese privilegio correspondía solo a los griegos. La escuela nunca ha sido neutral. La enseñanza imparcial no existe.
Se dirá que explicar cómo se resuelve una raíz cuadrada está a resguardo de ideologías, pero si el profesor concibe el sistema educativo como un filtro que mide la excelencia, se impacientará con los alumnos más torpes y apenas les dedicará tiempo. Si, en cambio, cree que la enseñanza es una herramienta al servicio del perfeccionamiento y desarrollo del ser humano, experimentará consternación con el fracaso de sus alumnos y hará todo lo posible para que superen sus problemas de comprensión. Juan Jacobo Rousseau considera que la función del maestro es ayudar a madurar y a ser feliz. No debe imponer ni castigar, sino estimular la curiosidad. El ser humano anhela aprender. Está en su naturaleza. Una educación represiva solo inhibe ese impulso.
Fui profesor durante más de dos décadas y oí muchas veces que los valores se adquirían en casa y no en la escuela. Los profesores y padres que repetían este apotegma no estaban en contra de que se educara en valores. Lo que no soportaban es que otro adulto inculcara en los más jóvenes valores diferentes de los suyos. Evidentemente, la escuela no debe adoctrinar, pero sí fomentar valores como la libertad, la tolerancia y la solidaridad. A fin de cuentas, la escuela pública es uno de los vástagos más conspicuos de la democracia. Sin educación, no hay ciudadanos, sino masas amorfas, legiones de consumidores con una identidad difusa y sin criterio propio. Hoy en día, cuestionada y desprestigiada la idea de educar en valores, la escuela se presenta a sí misma como un espacio de capacitación, pero en realidad no ha renunciado a infundir valores en las mentes más jóvenes. Claro que esos valores no son los valores democráticos, sino los valores empresariales, como la competitividad, el individualismo y la insolidaridad.
Antonio Machado sostenía que para educar había que abandonar la perspectiva del adulto y hacerse niño. La escuela de hoy no hace nada semejante. Al revés, pretende que los niños contemplen el mundo con la visión de un adulto y por adulto no entienden a alguien con espíritu crítico, sino a una persona que ha asimilado que el sentido de la vida es competir con los otros y emplear toda clase de argucias para apoderarse del trozo más grande del pastel. Las consecuencias de ese modelo educativo ya se están viendo. Cada vez más jóvenes repiten: “Lo enrollado es ser facha”. La xenofobia, el machismo, la homofobia y el racismo ya no son prejuicios, sino ornamentos tan molones como el merchandising de Harry Potter, los Funko Pop y los cómics manga. En un futuro no muy lejano, quizás ya no habrá maestros, sino una inteligencia artificial que hará realidad los peores temores de Aldous Huxley, George Orwell y Ray Bradbury. En Fahrenheit 451, el jefe de bomberos justifica las hogueras de libros, alegando la literatura y la filosofía solo fomentan la melancolía. Tal vez no estamos muy lejos de eso. Yo al menos percibo un inquietante resplandor.
Rafael Narbona
OTRA FORMA DE EDUCAR
No nos engañemos. Los profesores no enseñamos. Nos limitamos a cumplir con las programaciones oficiales, elaboradas desde un lejano despacho tan inaccesible como la fortaleza de El desierto de los tártaros, donde se mantiene a raya al mundo real con una mezcla de apatía, burocracia e intolerancia. Nuestro trabajo consiste en controlar, depurar, adocenar, matar la creatividad y el espíritu crítico, fomentar el conformismo y el analfabetismo político. Los profesores somos un mecanismo perverso que se ocupa de preparar el escenario a un modelo económico y social hambriento de trabajadores sin criterio, opinión, afán de libertad o capacidad de discrepar.
Yo no creo que las notas reflejen nada importante, salvo la adaptación del estudiante a un sistema que le obliga a permanecer sentado seis horas al día frente a una pizarra, donde perora sin tregua un adulto que encadena un dato tras otro. La aparición de las nuevas tecnologías tiende a sustituir la pizarra tradicional por otra digital, pero el cambio de formato no altera nada esencial. José Luis Sampedro ha repetido muchas veces que el sistema educativo español necesitaría una reforma urgente: menos contenidos, más debates, trabajar para la integración y no para la exclusión.
El cometido de un profesor no es calificar, sino ayudar a que cada chaval saque lo mejor de sí mismo. No se puede enviar a un adolescente o un niño el mensaje de que no vale para nada. En España, un 30% de los alumnos no obtienen el título de secundaria. Indudablemente, la culpa es del modelo educativo. La lista de escritores con malas notas es abrumadora: Tolstoi, Dostoievski, Thomas Mann, William Faulkner, Flaubert, Dario Fo, Saramago, García Márquez, Álvaro Mutis, Rafael Sánchez Ferlosio. Shakespeare sabía poco latín y menos griego y la formación de Cervantes era aún más endeble. Por el contrario, Manuel Fraga Iribarne ha obtenido unas calificaciones extraordinarias y Rudolf Hoss, comandante de Auschwitz, fue un alumno aplicado y responsable.
Otro mundo es posible, sí, pero el primer paso debe consistir en reformar la educación. No lo harán los políticos. Tendrán que hacerlo los profesores, los maestros. Si no aceptan ese reto, el futuro no se mostrará muy indulgente con ellos. Otra forma de enseñar alumbraría un mundo donde el ser humano podría soñar con ser algo más que capital variable sujeto a las oscilaciones del mercado.
Internet es un peligro para el ignorante porque no filtra nada. Sólo es buena para quien ya conoce y sabe dónde está el conocimiento. A largo plazo, el resultado pedagógico será dramático. Veremos multitudes de ignorantes usando Internet para las estupideces más diversas.