Mientras algunos celebraban con birrete, Lorenzo eligió agradecer.
Entró a su graduación cargando un cilindro de gas, el mismo que su padre reparte cada día para que hoy él pudiera cumplir su sueño.
“Papá, me he equivocado. He mandado fotos mías privadas a alguien que pensaba que era de confianza. Porque me gustaba mucho, papá. Ahora me amenaza con difundirlas”.
Cuesta escuchar algo así y controlarse. Pero, recuerda: