—¿Que nombre prefieres para nuestro hijo, Emily?
—A mi me gusta Erick
—¿Que te pasa? así se va a llamar nuestro hijo, mala madre.
—¿Cuál sugieres tú?—pregunta Gregorie.
—Pues... Emilio
—Y si es mujer sería Emilia.
—Claro que no. Solo hay una Emilia y es mía.
—Entonces...
—Magnusa
—¿Y tú tuviste a alguien más aparte del intento de rey?
—Si—miento.
—¿Qué? ¿Quién?—cuestiona irritado y ahora soy yo quien rie—Emilia Lacrontte no me causa gracia. ¿Quién es ese hombre? ¿Dónde vive?
—Es como un bastón con falda, ¿Haz visto lo pequeña que es? No creció, le faltaron vitaminas.
—La he visto señor, no cuenta con buena estatura.
—¿Por qué la miras tanto?—pregunto derrepente—Te prohíbo que la observes, cuida esos ojos, Francis.
—Siéntate en el borde con las piernas abiertas.-Pido buscando una mejor posición para ambos.
Me arrodillo en medio de sus muslos y paso la lengua desde su entrepierna hasta su cuello.Recorro su abdomen y me detengo en su pecho, lamiendo en ellos y alrededor de estos.
—Dime que te vuelvo loco.
—Me vuelves loco. ¿Por qué eres tan romántica, señora Lacrontte?
—No lo sé, solo me gusta serlo.
Besa mi abdomen despacio pero cálidamente.
—Tu mamá está un poco demente, hay que tener cuidado con ella—le habla a mi estómago.