Es lamentable admitirlo pero cada vez estoy más convencido de que buena parte de mi crecimiento (profesional, académico, etc) ha sido posible porque el amor romántico no ha tenido oportunidad de desordenarme la vida.
Hay una escena de The Crown que siempre me viene a la cabeza cuando se habla de estatus.
Es cuando Margaret Thatcher va por primera vez a Balmoral.
Ella intenta hacerlo todo bien. Al fin y al cabo es la primera ministra del Reino Unido. Lleva la ropa que considera adecuada, procura estar a la altura, intenta adaptarse...
Y, sin embargo, desde el minuto uno queda completamente fuera de lugar.
No porque le falte dinero ni poder.
Sino porque le faltan los códigos.
Nadie le explica cómo se viste uno allí para salir al campo, cuándo toca cambiarse de ropa, qué se espera de cada momento. Los demás lo saben porque han crecido con ello.Ella no.
Y lo más llamativo es que nadie tiene el menor interés en ayudarla.
No hace falta decirle: "Tú no eres de los nuestros." Basta con dejar que se equivoque una vez detrás de otra.
La escena resulta incómoda de ver precisamente por eso. Porque ves el esfuerzo de Thatcher por encajar y, al mismo tiempo, ves que los demás parecen disfrutar comprobando que no conoce las reglas.
Y creo que esa escena explica muy bien que el estatus no es solo dinero.
De hecho, ni siquiera creo que exista "el estatus" . Hay muchos.
Está el económico, el cultural, el educativo, el profesional... Cada grupo tiene sus propios códigos y lo que para unos significa prestigio, para otros puede no significar absolutamente nada.
Hay una idea a la que llevo tiempo dándole vueltas.
Igual es una simplificación, pero cada vez tengo más la sensación de que cuanto más consolidado está un estatus, menos necesidad hay de demostrarlo.
Los códigos se vuelven casi invisibles.
Los entienden los que pertenecen al grupo y pasan desapercibidos para los demás.
En cambio, conforme el reconocimiento depende más de que te vea todo el mundo, los símbolos se vuelven cada vez más evidentes.
Más logos, extravagancias, necesidad de que quede claro.
Y por eso, a raíz de ese tuit de hoy sobre unas zapatillas de lujo, pensaba que probablemente impresionan mucho más a quien aspira a entrar en un determinado mundo que a quien ya está dentro.
Porque los símbolos visibles se pueden comprar.bLos códigos invisibles, no.
Y quizá por eso el lujo más antiguo —el de familias que llevan generaciones moviéndose en determinados círculos— muchas veces resulta casi aburrido visto desde fuera. No necesita llamar la atención. La mayoría ni aparecen en RRSS.
El reconocimiento ya lo tienen.
No digo que sea una ley universal. Hay muchísimas formas de vivir el estatus y seguro que hay excepciones.
Pero sí me parece un patrón interesante: muchas veces, cuanto más consolidada está la pertenencia a un grupo, menos necesidad hay de demostrarla.
Y quizá por eso el verdadero estatus no siempre es el que más se ve.
A veces es precisamente el que solo reconocen quienes comparten esos mismos códigos. Y hace que el que está fuera, se equivoque una y otra vez.