Tan rico no tener que trabajar en una oficina y poder perderse ese ambiente colegial para adultos: chismes, envidias, hipocresía, competencia vacía, etc…
Cuando ponemos a Jesús en el centro de la vida, nuestra perspectiva cambia, y aun en medio de trabajos y fatigas, nos sentimos envueltos por su luz, consolados por su Espíritu, animados por su Palabra, sostenidos por su amor.