El país donde la casa en Parque Leloir del Indio Solari es más indignante que un tipo que dice que se acordó que tenía un pendrive con bitcoin.
No son pelotudos, son todos hijos de puta.
Aquí está la piba. Hermosa, profunda, dolorosamente reflexiva
El Dios de los Rotos, el suyo, el mío el de los que nos rompimos y tuvimos que salir del fondo del agua para volver a vivir.
«Dicen que soy Kuka… Y, sí, soy un poco kirchnerista, como soy un poco peronista y un poco comunista y un poco socialista…Lo que no soy es neoliberal»
INDIO SOLARI 🔥 LEYENDA
La última carta del Indio
Hay un ruido de platos vacíos en la Argentina.
Un sonido áspero.
Como ascensores cayendo dentro de hospitales apagados.
Como tizas partidas sobre pizarrones gastados en escuelas que ya no llegan a fin de mes.
Y mientras desde arriba venden épica financiera con sonrisa televisiva, abajo la realidad mastica gente.
Los jubilados cuentan monedas como si fueran balas sobrevivientes de una guerra perdida.
Les licuaron la vida despacito.
Primero los remedios.
Después la comida.
Después la dignidad de tener que elegir entre calefacción o un paquete de arroz.
Y todavía aparecen predicadores del ajuste diciendo que el sufrimiento “era necesario”.
Como si el hambre fuese una materia universitaria.
Como si ver ancianos revolviendo descuentos fuera parte del equilibrio fiscal.
Los laburantes tampoco llegan.
El sueldo dura menos que un semáforo en verde.
El consumo se desplomó porque ya no se compra: se sobrevive.
La heladera parece un teatro abandonado después del saqueo.
Y en las calles hay persianas bajas como párpados cansados.
Construcciones detenidas.
Fábricas respirando por tubos.
Comercios vacíos donde antes había ruido de monedas y olor a pan caliente.
La recesión avanza como hollín pegado detrás de las paredes.
Silenciosa.
Espesa.
Entrando en las casas mientras algunos influencers del mercado festejan numeritos como si la economía fuera un videojuego sin cadáveres.
También le metieron motosierra a la educación y a la salud.
Universidades asfixiadas.
Hospitales universitarios peleando por insumos básicos.
Docentes agotados enseñando entre ruinas presupuestarias y techos que lloran goteras.
Pero en la televisión hablan de libertad.
Siempre libertad.
Aunque millones estén cada vez más presos del miedo, de las deudas, de la angustia de perder el trabajo.
Y entonces aparece el gran truco del circo:
hacerte creer que la crueldad es valentía.
Que insultar es gobernar.
Que destruir es sincerarse.
Que el ajuste sobre los cuerpos cansados del pueblo es una especie de purificación divina.
Hay fanáticos aplaudiendo el incendio mientras el humo les entra por debajo de la puerta.
Gente defendiendo verdugos porque aprendieron a odiar más de lo que aprendieron a pensar.
Y lo más oscuro no es el personaje delirante que grita desde el escenario.
Lo verdaderamente oscuro es una sociedad agotada, partida, furiosa…
que empezó a normalizar que le rompan el alma a los más débiles mientras le llaman “cambio” al derrumbe.
La Argentina no se está quedando sin plata solamente.
Se está quedando sin alma.
Sin paciencia.
Sin futuro.
Y cuidado…
porque cuando un pueblo ya no siente el dolor del otro,
el monstruo deja de gobernar desde arriba.
Empieza a vivir adentro de todos.
INDIO
Rosario Central puso música del Indio en la cancha y la gente sale a los balcones y terrazas a cantar a los gritos. Somos el mejor país del mundo aunque este gobierno lo odie
Mañana salen los laliters de River, se cruzan con los ricoteros van juntos hasta la casa rosada a sacar al cipayo, terminan en San José 1111, liberan a la mejor presidenta argentina mientras suena Todo Preso Es Político, se exilia caputo y bullrich, la revolucion redonda lalista
Debe ser de una serenidad imposible de medir que te amen los pobres, los comunes, los rotos, los desamparados, los desterrados. Y que te odien los más hdp de este país tan particular. Debe ser hermoso
Para estos nefastos:
El Diego era un merquero
El indio un multimillonario
Evita una puta
Perón un chorro
Pero nisman era un tipazo, Caputo es honesto, sturzenneguer un crack y Bullrich es una genia.
Que difícil debe ser vivir con el traje de pelotudo puesto.