En la cancion de Divididos "Que ves", dice: Fía la chapita, porrón en palomar, cruzando la vía pa' poderla pasar... Esta era la chapita, en Ruben Dario. Ya no existe mas pero quedo en la canción
3) Mi viejo vino a la noche a buscar unos medicamentos y me contó que ayer le mandé un audio casi llorando a mi hermana disculpándome por haberla olvidado en la fiesta. Mi hermana escuchó ese audio cagándose de risa en el auto con papá. Me habían saludado hacía cinco minutos.
1) Un amigo me llama para ir a bailar en la rondita de los pibes y, después de andar unos metros, me dice: "soy Teo". Esa fue tremenda.
2) Hoy a la mañana pregunté cómo se había vuelto a la casa un pibe. Me contestaron: "Lo pasó a buscar la mamá. Igual no te vio."
Recién hoy, tras dos años de ejercicio, descubro con felicidad que la docencia es un oficio que intercala sin escalas, y necesariamente, momentos de tremenda satisfacción y pozos del más desesperante padecimiento. Está bueno.
Tremendo testimonio de Adriano Ribeiro en The Players Tribune:
"Sé lo que se siente ser una promesa, incluyendo una promesa incumplida. El mayor desperdicio del fútbol: yo. Me gusta esa palabra porque estoy obsesionado con desperdiciar mi vida. Estoy bien así, en un desperdicio frenético. Disfruto de este estigma.
No tomo drogas, como intentan demostrar. No me gusta el crimen, aunque podría haberlo hecho. No voy a discotecas. Siempre voy al mismo lugar de mi barrio. Bebo cada dos días, sí. Y los otros días también. Bebo porque no es fácil ser una promesa que sigue en deuda.
Me llaman Emperador. Un tipo que dejó la favela para recibir el apodo de Emperador en Europa. ¿Cómo se explica? No lo entendí hasta hoy.
Lo único que busco en Vila Cruzeiro es paz. Aquí camino descalzo y sin camiseta, sólo con pantalones cortos. Juego al dominó, me siento en la acera, recuerdo mi infancia, escucho música, bailo con mis amigos y duermo en el suelo. Sólo quiero estar en paz y recordar mi esencia.
Es mi lugar. Aquí me respetan verdaderamente. Veo a mi padre en cada uno de estos callejones".
Para renovar la obra social de mi hermana nos hicieron completar una encuesta socio-económica para evaluar nuestro nivel económico. En la parte de electrodomésticos nos hace marcar con una cruz si tenemos TOCADISCOS. Hijos de puta, aunque sea cambienle el nombre al tp de 1965.
Hoy un pibe re masa del cole me llamó en el salón y me dijo bajito: "Profe vos jugas a la pelota, atajas, sos dt y sos profe. Tenés alta vida."
Le agradecí con un abrazo que me recordara mi suerte. Qué cosa los pibes...
Acabo de dejarle a primerito poner música en el salón para hacer una tarea y un pibe, con total sinceridad y sin ninguna risa mediante, puso Careless Whisper de George Michael. Positivo.
Dice Dolina cosas hermosas, como esta: "Manuel Mandeb y sus amigos no eran ingenuos en absoluto. Sus ilusiones no terminaban en el desengaño; empezaban allí". Y dice también las contracaras terribles: "La incredulidad es la sabiduría que se permiten los hombres vulgares".
Arranqué un libro y caí en la cuenta de que me había embrujado. Anduve triste sin remedio durante unas pares de semanas y me di cuenta de que tenía que terminarlo para cortar el efecto del embrujo. No soy supersticioso, se los juro. Ayer llegué al final.
Terminé Dr. House (con muchísimas lagunas). Por momentos una terrible pija. Otro tanto gigantísimo de relleno. Lo restante: el mejor protagonista de una serie jamás creado.
Entré a internet a buscar posturas y recursos interesantes para explorar un poco más en las dimensiones cognoscibles del perdón y me encontré, entre otras maravillas, con este BLOGAZO: https://t.co/fjGnJG0ABR
Dar clases es lindo por cosas como esta:
La semana pasada debatimos espontáneamente sobre la naturaleza, los límites y los alcances del perdón con los chicos de 2do A. Tuve la sensación de que había quedado inacabado.
@Guido71928390 Exactamente.
Amigo, increíble, pero después de ese tweet, en la primera página que leí hoy del Náucrato decía (y me pareció hermoso) que sí hay una fuerza que contrarresta la entropía, su antítesis natural: la pasión.
Acabo de terminar un libro de física (cosa estúpidamente insólita) y estoy en condiciones de afirmar que, contra toda voluntad optimista, las cosas siempre tienden a irse al carajo.