1. El problema con el que lidiamos miles de ciudadanos legales uruguayos presentado de forma sencilla y su solución aún más sencilla. @dnic @DiputadosUY@Minterioruy@luisaheber
Aparentemente, la vivencia se diferencia de la experiencia por ser más profunda o significativa. Pero llamémosla vivencia o experiencia, la migración cambia a todas las personas y de esto fue de lo que hablé con Alejandro Ferreiro en Las Ganas: https://t.co/DOK6wEcohc
El problema que enfrentamos las personas con ciudadanía legal no se trata realmente del pasaporte, se trata de poder ejercer 3 derechos fundamentales: https://t.co/gemz68T7uK
Creo en las Naciones Unidas. Creo en ACNUR. Y creo que hay personas valiosas dentro de estas instituciones.
Pero algo no está funcionando.
El mandato de ACNUR en materia de apatridia es claro: proteger a quienes carecen de nacionalidad y trabajar para que adquieran una. No una etiqueta. No un arreglo formal. Una nacionalidad.
Sin embargo, en Uruguay la apatridia se “resuelve” identificando a una persona como carente de nacionalidad... y luego asignándole un estatus que el propio Estado sostiene que no constituye nacionalidad.
Y, aun así, se afirma que con ello la apatridia cesa.
No es así.
Se la reclasifica.
Se la oculta.
Y se coloca a las personas en una ficción jurídica en la que se les dice que ya no son apátridas, mientras se les niega el reconocimiento como nacionales.
Aún más preocupante: una vez ubicadas en esta categoría de “ciudadano legal”, las personas quedan, en la práctica, impedidas de volver a ser reconocidas como apátridas. La puerta se cierra. La contradicción queda institucionalizada.
No se trata de una cuestión marginal. Está en juego el objeto y fin de las Convenciones de 1954 y 1961.
@ACNURConoSur@Refugees
"Ciudadanía legal y nacionalidad: la problemática de Somos Todos Uruguayos", el otro día hablé en La mañana de Uruguay, de Radio Uruguay, sobre el tema de la ciudadanía legal. Claro, fue antes de que el Dr. Jorge Díaz hiciera su anuncio
https://t.co/ObFmeHmZVc
Para quienes recién descubren este tema: Uruguay arrastra desde hace décadas una anomalía en su sistema de documentación de viajes que afecta a miles de personas que son ciudadanos uruguayos legales conforme a la Constitución.
De acuerdo con el texto constitucional, estas personas son ciudadanos uruguayos con pleno estatus jurídico. Sin embargo, en sus pasaportes el campo de nacionalidad no siempre refleja “uruguaya” de la misma manera que en el caso de los ciudadanos nacidos en el país. Esa discordancia entre estatus constitucional y documentación oficial existe desde hace muchos años.
El origen del problema se remonta en buena medida a 1992, durante el gobierno blanco del presidente Luis Alberto Lacalle Herrera, cuando se modificó administrativamente la forma en que la nacionalidad se consignaba en los pasaportes uruguayos. En ese momento el Ministerio de Relaciones Exteriores estaba encabezado por Sergio Abreu. Aquella decisión terminó generando, en la práctica, una separación entre ciudadanía legal y nacionalidad en la documentación, aun cuando el propio diseño constitucional no establece tal distinción.
Durante muchos años esta inconsistencia no produjo mayores consecuencias prácticas en el plano internacional. Los sistemas de control migratorio eran más simples y las verificaciones documentales menos automatizadas, por lo que el problema permaneció relativamente invisible.
El contexto internacional cambió profundamente. Hoy los sistemas de viaje y control fronterizo operan mediante plataformas digitales y bases de datos automatizadas. Las aerolíneas, las autoridades migratorias y nuevos sistemas europeos como EES exigen coherencia absoluta entre ciudadanía, nacionalidad y documentos de viaje. Lo que durante décadas pareció una rareza administrativa empieza ahora a generar dificultades reales en el sistema internacional de movilidad.
La reforma del pasaporte adoptada el año pasado, lamentablemente, no abordó el núcleo del problema. El cambio se concentró principalmente en aspectos formales del documento, cuando la verdadera cuestión radica en la contradicción entre el estatus constitucional de ciudadano uruguayo y la forma en que el propio Estado describe la nacionalidad en los documentos utilizados internacionalmente.
Por eso es comprensible cierto escepticismo. Después de más de treinta años en los que el Estado convivió con esta inconsistencia sin resolverla, resulta difícil asumir que el problema vaya a solucionarse de manera inmediata.
Aun así, la creciente visibilidad del tema y las presiones derivadas de los nuevos sistemas internacionales de verificación documental tal vez obliguen finalmente a una discusión seria. Quizás el Dr. Jorge Díaz, o las autoridades del actual gobierno del Frente Amplio, entiendan que la solución no es particularmente compleja: alinear la documentación oficial con el propio texto constitucional y reconocer en los pasaportes la nacionalidad uruguaya de quienes el propio ordenamiento jurídico reconoce como ciudadanos uruguayos.
No sería una innovación radical en el derecho comparado.
Pero, en el caso uruguayo, sin duda representaría un avance.
Y, siendo moderadamente optimistas, quizá ocurra.
Aunque en Uruguay solemos preferir verlo antes de creerlo.
#nacionalidad #uruguay #pasaportes #inddhh @OrsiYamandu@CosseCarolina@CNegro7@MinLubetkinUy@Juan_Mondelli@Refugees@APochak@JoseLCaballero@IACHumanRights@inddhhuy@Jimenafe@compresidencia@minterioruy@CancilleriaUy@CIDH@SomosTodosUy@fder_oficial@UMderecho@DerechoUCU@DiputadosUY@SenadoUy@PartidoColorado@PNACIONAL@Frente_Amplio@ObservadorUY@elpaisuy@usembassyMVD@StateDept
Mientras Uruguay sigue atrapado en debates internos sobre quién merece o no la nacionalidad que el propio Estado reconoce, el Supremo Tribunal Federal de Brasil acaba de dar una señal clara en sentido contrario.
En una decisión reciente, el tribunal constitucional brasileño estableció que los niños nacidos en el exterior y adoptados por ciudadanos brasileños tienen derecho a la nacionalidad brasileña de origen en igualdad de condiciones que los hijos biológicos, siempre que la adopción y el registro consular se encuentren debidamente formalizados.
La lógica es simple: si el Estado reconoce plenamente el vínculo familiar mediante la adopción, no puede luego crear ciudadanos de primera y de segunda categoría.
Brasil, con una interpretación constitucional moderna y coherente con los estándares internacionales, reafirma que la igualdad entre hijos biológicos y adoptivos también debe reflejarse en la nacionalidad.
Mientras tanto, en Uruguay seguimos discutiendo si personas que el propio Estado reconoce como ciudadanos uruguayos pueden o no tener documentos que reflejen esa realidad jurídica.
A veces conviene mirar al costado: en la región hay tribunales que ya están resolviendo estas cuestiones con claridad.
#nacionalidad #uruguay #pasaportes #derechoshumanos
Los uruguayos que reclaman la ciudadanía italiana verán que ese camino finalmente se les cierra para sus hijos. Bastante irónico, ¿no?, considerando la postura de Uruguay de negar la nacionalidad uruguaya a sus propios ciudadanos legales naturalizados. Karma.
Uruguay está siendo recordado, una vez más, de que los Estados Unidos no lo tratan como a un amigo ni como a un socio en pie de igualdad. La nueva investigación bajo la Sección 301 muestra que Washington percibe a Uruguay como un país pequeño y sospechoso del llamado “tercer mundo”, al que se puede someter a presión cuando resulta políticamente conveniente, más allá de las fórmulas diplomáticas que luego se repiten en público.
Los uruguayos no deberían tomar al pie de la letra lo que afirma el embajador Rinaldi, ni el relato tranquilizador que se repite en buena parte de la prensa. Cuando un país es colocado unilateralmente en el mismo grupo que Estados acusados de tolerar trabajo forzado y prácticas comerciales desleales, eso no es el comportamiento de un aliado; es la conducta de una potencia que cree tener derecho a erigirse en juez de los demás.
Las propias políticas de documentación de Uruguay facilitan que otros traten al país de esta manera. La actual política de pasaportes, especialmente en la forma en que se expiden pasaportes a ciertas categorías de ciudadanos legales, no se ajusta plenamente a los estándares internacionales de igualdad, seguridad jurídica y confiabilidad documental. Cuando existen inconsistencias visibles y distinciones arbitrarias entre ciudadanos, los gobiernos e instituciones extranjeras encuentran más excusas para cuestionar la seriedad de la documentación uruguaya.
Si Uruguay quiere reducir esta vulnerabilidad, su régimen de pasaportes debe normalizarse. Eso implica reglas claras y transparentes aplicadas por igual a todos los ciudadanos, prácticas de documentación alineadas con las mejores prácticas internacionales, y el fin de decisiones ad hoc o teñidas de consideraciones políticas sobre quién recibe qué tipo de pasaporte. Fortalecer la integridad y la credibilidad de los pasaportes uruguayos no se trata de complacer a los Estados Unidos; se trata de defender la propia dignidad y soberanía del Uruguay en un mundo donde con demasiada frecuencia se lo trata como si fuera prescindible.
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Uruguay firmó las principales convenciones internacionales contra la apatridia.
En 2001 adhirió a la Convención de 1961 para Reducir los Casos de Apatridia. En 2004 se sumó a la Convención de 1954 sobre el Estatuto de los Apátridas.
Ambas exigen algo muy claro: una vía real y efectiva hacia la nacionalidad. No una categoría intermedia. No un estatus ambiguo. Nacionalidad.
En 2018, Uruguay aprobó la Ley 19.682 y creó un procedimiento interno para reconocer y proteger a las personas apátridas. En el papel, parecía ejemplar. Una comisión. Un proceso. Un compromiso.
Pero acá empieza el círculo.
Se reconoce a una persona como apátrida. El trámite avanza. Y al final del proceso… se le otorga "ciudadanía legal".
¿El problema? En Uruguay, la ciudadanía legal no es nacionalidad. Y el tratado exige un camino hacia la nacionalidad.
Entonces la persona que era apátrida termina clasificada como "ciudadano legal" y sigue siendo apátrida al final del proceso. ¿Qué clase de absurdo es este?
Es un circuito cerrado que no cumple el objetivo del tratado. Un procedimiento que aparenta resolver el problema, pero deja intacta la falla estructural.
Creamos una comisión de apatridia. Otorgamos ciudadanía legal. Pero como la ciudadanía legal no es nacionalidad, el déficit estructural permanece.
No es un detalle técnico. Es una contradicción normativa. Y es una mancha en el historial de derechos humanos de Uruguay.
El círculo no elimina la apatridia. La reetiqueta.
Buen trabajo, Uruguay.
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Ian McKellen personificando a sir Thomas More, personaje de la obra homónima de William Shakespeare, cuyo discurso pone en evidencia la estupidez de la xenofobia
A petición de Mónica, y pidiendo disculpas por adelantado por los errores de traducción 🙏🏻 (no domino el lenguaje de hace 400 años 😅), os dejo el video completo subtitulado de Sir #IanMcKellen recitando "Thomas More" de William Shakespeare ❤️
#StephenColbert
No somos extranjeros. El Estado uruguayo debería conversar, de nuevo, con la @CIDH y con @ACNURConoSur para que recuerde que el pasaporte que se otorgaba a las personas ciudadanía legal antes de 2025 no les permitía ejercer todos sus DDHH
La organización “Somos todos uruguayos”, de extranjeros con ciudadanía legal, se opone a la marcha atrás en los pasaportes.
Señalan que el formato anterior les genera dificultades para viajar.
Hoy recordamos la Jura de la Constitución de 1830.
Aquella Constitución original trataba a todos los ciudadanos por igual, naturales y legales, sin distinción alguna. Sin discriminación. Sin ciudadanía de segunda clase. Sin negarles la nacionalidad a los ciudadanos legales.
Las restricciones xenófobas contra los inmigrantes vinieron después, en 1934, bajo el régimen autoritario de Gabriel Terra. Ahora es el momento de volver a esa comprensión constitucional original y abandonar de una vez por todas la interpretación racista y antiinmigrante del artículo 81 de la Constitución actual, esa que hoy algunos comentaristas usan para justificar por qué los ciudadanos legales no serían "nacionales".
¿Cómo puede Uruguay lograr esto? Mediante una ley sencilla, nuestro país puede dejar atrás casi cien años de prejuicio y una interpretación equivocada de la Constitución que nació en esa época oscura, racista y autoritaria. Otros países ya abandonaron las leyes y las opiniones constitucionales que surgieron en esa década nefasta que terminó en las tragedias de los años cuarenta. Pero Uruguay todavía no.
¿Por qué seguimos así? Porque algunos teóricos del Derecho Constitucional uruguayo han mantenido una doctrina errónea: que los ciudadanos legales no son lo que hoy el mundo reconoce como nacionales. Ya es hora de reconocer que quienes defienden esta postura están perpetuando valores de los años treinta. Y Uruguay vale mucho más que eso.
La Constitución no dice en ninguna parte que solo los ciudadanos naturales sean nacionales. Esa afirmación es mentira. Ninguna de las dos categorías de ciudadanos está definida como nacional. Solo una opinión interpretativa sobre la posible pérdida de la nacionalidad, más la intuición de ciertos sectores, ha servido para sostener esa idea.
Porque en el mundo moderno y bajo los estándares internacionales, nacionalidad no significa lugar de nacimiento. La palabra no se refiere al lugar donde uno nació. Tampoco es una clasificación étnica anticuada. Nacionalidad significa pertenencia, vínculo con un Estado, participación leal y compromiso con él.
En ese sentido, los ciudadanos legales son, y siempre fueron, nacionales. De hecho, los pasaportes uruguayos emitidos hasta 1994 reconocían a los ciudadanos legales como nacionales. Eso es un hecho histórico.
Los problemas que enfrentan tanto los ciudadanos naturales como los legales con el nuevo pasaporte uruguayo son consecuencia directa del proceso incorrecto del Estado uruguayo de negarles la nacionalidad a los ciudadanos legales. Los ciudadanos legales vienen enfrentando estos problemas desde 2015, cuando los cambios introducidos subrepticiamente en 1994 en el pasaporte uruguayo (que marcaba a los ciudadanos legales como extranjeros) se convirtieron en un problema por los pasaportes legibles por máquina con datos biométricos. Ahora todos los ciudadanos uruguayos estamos sufriendo las consecuencias.
Países como Alemania y Francia aparentemente quieren seguir discriminando contra los ciudadanos legales de Uruguay porque saben que Uruguay mismo lo hace. Lo hace al negar que los ciudadanos legales son nacionales. Dado que los pasaportes normalmente solo se expiden a nacionales, esos países ahora preguntan: "¿por qué los ciudadanos legales no nacionales de Uruguay tienen pasaportes uruguayos?" Es una buena pregunta. Pero la respuesta es, y debe ser, que los ciudadanos legales no son extranjeros. Nunca lo fueron. Los problemas del pasaporte para todos los ciudadanos están relacionados únicamente con el error del Estado uruguayo de negarles la nacionalidad a los ciudadanos legales.
La única forma de solucionar esta confusión es aprobar una ley que demuestre que el Uruguay de hoy deja atrás los resabios de doctrinas de los años treinta, que rechaza interpretaciones anticuadas sostenidas por miedo o por costumbre, y que honra su destino como tierra de igualdad y oportunidades.
Cualquier otra cosa sería traicionar el legado de Artigas. Cualquier cosa menor sería traicionar la Constitución de 1830.
Y si alguien todavía tiene dudas, basta recordar que el mayor jurista constitucionalista y de derecho internacional que ha dado Uruguay, Alberto Pérez Pérez, escribió hace muchos años que la interpretación actual (según la cual los ciudadanos legales serían extranjeros bajo la Constitución) es simplemente incorrecta. Me quedo con lo que dijo él, juez uruguayo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, antes que con académicos locales aferrados a ideas obsoletas que violan los principios de igualdad, justicia, desarrollo, derechos humanos y nuestra propia historia.
Avancemos hacia la restitución de la nacionalidad uruguaya a los ciudadanos legales.
Avancemos hacia el fin del pasaporte roto, consecuencia directa de esta confusión sobre la nacionalidad.
Avancemos hacia el fin del aislamiento de Uruguay, producto de una postura oficial basada en conceptos que el mundo ya superó.
Uruguay va a cumplir con su destino. Estoy seguro de que va a quedar del lado correcto de la historia.
@GermanyDiplo@AuswaertigesAmt@MofaJapan_en@MofaJapan_jp@MOFAkr_eng@mofa_kr@OrsiYamandu@CosseCarolina@pachasanchez@CNegro7@MinLubetkinUy@EdisonLanza@Mario_Bergara@Juan_Mondelli@Refugees@APochak@JoseLCaballero@IACHumanRights@CorteIDH@inddhhuy@dracsrodriguez@Jimenafe@compresidencia@minterioruy@CancilleriaUy@CIDH@SomosTodosUy@fder_oficial@UMderecho@DerechoUCU@RubenAmatoLusar@Maferauer@DiputadosUY@SenadoUy@PartidoColorado@PNACIONAL@Frente_Amplio@ObservadorUY@elpaisuy
“Soy Migrante, Soy Uruguaya: Construyamos Puentes!”
Comparto Carta desde el sentir de una ciudadana legal uruguaya ante los hechos de público conocimiento relacionados con los cambios en los pasaportes.
Agradecemos el tiempo, disposición y apertura. El trabajo por los ciudadanos legales no terminó con la nueva práctica de emisión de pasaportes, todavía falta mucho por hacer y desde la sociedad civil siempre esperamos sumar hasta lograr el pleno disfrute de nuestros derechos
Recordemos que pasamos de ser extranjeros con la carta de ciudadania con un pasaportes que no funcionaba a una que ahora si.
Pero ser ciudadano deberia implicar ser uruguayo/a. Asi construimos pais. Y sin dejar afuera los niños/niñas.
Este martes 22:
https://t.co/ZiBaY4gGyS
#yanomaspasaportestruchos
Por favor tome 2 min.
Corresponde que todo ciudadano uruguayo tenga un pasaporte uruguayo emitido que funcione como corresponde.
- Sin nacionalidades que ni existen, no tienen.
- Con la ciudadania que corresponde.
Gracias!
https://t.co/Et7RE3ObPd
Clarito @roquejcgarcia!
@Ni_Martinelli - sos el cuarto ministro del interior con la cual intentamos lograr entender que va la ciudadanía en los pasaportes.
Solucionémoslo antes del 1ro de marzo con "uruguayo" o "ciudadano uruguayo" en el campo correspondiente.
Ser uruguayo es pensar que el futuro de los demás uruguayos está intrínsecamente ligado al mío. Es un sentimiento que se demuestra con acciones. En esta nota, desde Canadá, hablamos sobre qué significa ser uruguayo y por qué le pido a quienes me siguen que firmen una carta dirigida al Presidente de la República para que solucione, de una vez por todas, el problema de los pasaportes para los ciudadanos legales.
No se necesita cambiar la Constitución ni siquiera una ley en especial. El Ministro Martinelli prometió una solución administrativa; es hora de que la cumpla.Como siempre: video corto, enlace para firmar la petición, seguido por el enlace a la nota completa en YouTube y, finalmente, el enlace a la página web con más que abundante documentación para justificar la solicitud.Gracias a todos.