Es la primera vez en mi vida que escucho a los jugadores e hinchas de Boca preocupados por el estado de un campo de juego, en un estadio donde hace 10 años que salen sistemáticamente a defenderse y a festejar empates.
La puesta en escena que armaron Riquelme y Paredes el jueves con la prensa no es ni más ni menos que otra muestra de inseguridad y de sentirse inferiores. Cada vez que perdieron contra nosotros los primeros culpables para ellos siempre fueron los árbitros y no los técnicos que venían a atacarnos con medio delantero.
Ni siquiera cuando por primera vez en mucho tiempo llegan al Monumental con un equipo más confiable y con mejor recambio que el nuestro van a dejar el complejo de inferioridad. No necesitan exponerse así, sin embargo no pueden batallar nunca contra sus miserias.
River saldrá a jugar sabiendo que el VAR lo manejará un confeso hincha de Boca, que Beligoy es una de las 3 personas más anti-River de este país, y que Riquelme y Tapia viven su etapa de amorío más profundo entre las sábanas. Sin embargo ningún protagonista nuestro salió a llorarle a nadie. Ojalá podamos hablar en la cancha como en la gran mayoría de los clásicos del último tiempo y que no haya cosas raras que confirmen lo feo que se huele todo este circo que armaron en la semana.
Si esto no le llega a los jugadores ya está muchachos.
RIVER ES FIESTA APROVECHEN ESTA LOCURA. GANEN POR NUESTRA GENTE POR EL ESCUDO POR NUESTRA HISTORIA.
No patearon al arco. Culparon a la cana. Orquestaron un atentado de gas pimienta y botellazos. Se pararon para jugar con rivales intoxicados. Cortaron el agua en el vestuario de River. Y sus ídolos se fueron saludando a la barra. Hace 10 años mostraron toda su esencia como club.
Tampoco hay que agrandarse tanto. Le ganamos a un club que no juega la Libertadores desde 2023, que no gana un mano a mano sin penales desde 2020 y que la ganó por última vez cuando Mastantuono ni había nacido.
Calma.