¡Sagrado Corazón de Jesús, Nazareno de infinita clemencia! Guíame con tu justicia por este valle de lágrimas, pues en Tu divina rectitud descanso mi alma. ¡Que vuestra voluntad sea mi luz hoy y siempre!
El Justicia llegará a los que tienen el alma negra; si no es por un tribunal de hombres, lo será ante la Divina Providencia, que ya ha dictado su veredicto al ver los quejíos de mi ánima. Todo será saldado y se pagará la maldad, en esta vida o en la otra.
Día de la Santa Misa. En la ermita hallo la fuerza que me falta y el sosiego que solo el Sagrado Corazón de Jesús me otorga. Que el Nazareno, Cristo Rey, os colme en este día de Su luz y esperanza. Jesús, en Ti confío.
La Parca ha reclamado al fiel de fechos, mas el pecado de la falsía permanece intacto en quienes movían los hilos desde la sombra. No fue solo una mano la que torció mi carta de mandas, sino la codicia de mi propia casa que, traicionando el linaje, fraguó un codicilo espurio
La Parca ha reclamado al fiel de fechos. Quien con alma negra torció la voluntad de mi Casa, manchando su pluma con la falsía, ya rinde cuentas ante el Justicia Eterno. Dios lo ve todo. Ni su tránsito oculta el engaño, ni libra a los traidores de su juicio.
persisten en la codicia, pues ni en este mundo ni en el averno hallarán paz quienes mancillan la postrimera voluntad de mi linaje. La verdad, aunque oculta por la falsía, siempre halla su cauce hacia la luz.
La Parca no entiende de dilaciones, y aquel que en vida sembró tinieblas para torcer mi heredad, ya rinde cuentas ante el Justicia Eterno. No me regocijo en su fin, mas el orden del mundo es inexorable: el engaño no perdura. Que su partida sirva de aviso a los que aún
pues ni la muerte del artífice oculta la falsía, ni la ausencia del escribano libra a los desleales del castigo que su codicia merece. ¡La justicia no descansa, y mi carta de mandas será restaurada en su integridad!
A cada cual le llega su hora ante el Justicia Eterno. Aquel que con su pluma y contaduría torció la recta voluntad de mi prosapia, ha rendido ya sus cuentas ante la Parca. No busco el mal para quien se fue, mas la verdad de mi heredad habrá de salir a la luz:
algún codicilo espurio con el que pretenden torcer, en la sombra, lo que mi linaje dejó ordenado en la luz. Olvidan, en su ceguera, que ante el Justicia, toda falsía habrá de ser purgada.
Quienes con tanta presteza invocan el Código de las Siete Partidas para vaciar mi heredad, olvidan que la postrimera voluntad es sagrada y no un tablero de juego para su codicia. Han convertido la carta de mandas de mi prosapia en un documento de despojo, fraguando incluso
Gran cordura es dejar correr el agua que no habéis de beber. No desgastéis el alma en retener corrientes que no son de vuestro provecho; dejadlas pasar de largo y descended con paz la vuestra escalera, puesta la mirada solo en el Altísimo.
Pensaron los viles que borrando el rastro de su infamia quedaban a salvo del Justicia. Mas la verdad es mi escudo: guardada queda la prueba de cómo hurtaron mi propia imagen para proferir sus injurias en la sombra. Ante el tribunal de los hombres, toda deslealtad halla su