Todo sujeto que, en pleno 2026, siga con la ridiculez aquella de que “llegamos hasta aquí” porque “no nos pudimos poner de acuerdo”, como si los opresores y los oprimidos tuviesen la misma responsabilidad, está mintiendo, tergiversando la historia y, de paso, burlándose de las víctimas de la tiranía chavista. Y eso es profundamente miserable.
Entre 2023 y 2024 se conformó en Venezuela el movimiento social más grande de nuestra corta historia republicana. Se unieron las organizaciones, los partidos opositores (los que se oponían de verdad), los trabajadores, los estudiantes, los jóvenes, los viejos, los venezolanos dentro y fuera del país. Todo ello alrededor de un liderazgo consolidado y poderoso.
Todos nos pudimos poner de acuerdo porque casi todo el país deseaba lo mismo: la libertad. Y se venció electoralmente. Se demostró, como nunca antes, que existía una mayoría nacional organizada alrededor de ese propósito. Se logró una hazaña civil y civilista tan grande y potente que terminó siendo reconocida con un Premio Nobel de la Paz otorgado a @MariaCorinaYA. Ella fue el rostro de aquella lucha (que hoy sigue en pie), pero el reconocimiento pertenece también a un movimiento de liberación construido por millones de venezolanos.
¿Cómo respondió la barbarie chavista? Con el terrorismo de Estado más atroz que haya vivido el país, tal y como lo definió la propia CIDH. Así como antes patearon una veintena de procesos de diálogo y negociación (porque fue el régimen el que los pateó), también patearon su derrota electoral por cuarenta puntos. Secuestraron a casi tres mil inocentes, incluidos decenas de niños; torturaron y obligaron a muchos al exilio y a otros a la clandestinidad.
Si ocurrió el 3 de enero fue porque antes hubo un 28 de julio que no respetó una nomenklatura a la que solo le quedaban las armas. Si “estamos donde estamos” no es porque los venezolanos no hayamos podido ponernos de acuerdo. Es porque el chavismo se negó a respetar el acuerdo más elemental de una democracia: la voluntad de la mayoría expresada pacíficamente en las urnas. Y porque, antes que entregar el poder después de haber sido derrotado, prefirió entregar el país: primero a Cuba y ahora a Estados Unidos.
Si usted averigua un poco sobre los “negocios” de Harry Sargeant III en Venezuela, va a encontrar más de una vez el nombre de Alejandro Betancourt, el bolichico estrella del momento.
Siempre hay que aplicar aquella clásica e inapelable máxima del: follow the money.
Pasar 13 años encerrado en una casa, con custodia de la dictadura, sin poder ir a ver a tus hijos y a tu familia, y sin poder comunicarte al mundo exterior no es estar libre.
Maldito sociópata.
Qué horror.
Una de las señoras que fue rescatada en los primeros días de la tragedia, la que bromeó durante su rescate diciendo que no estaba presentable, apareció muerta un mes después.
Nadie sabe qué ocurrió.