¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse, sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar.
Mañana comenzará el Mundial, y muchos estarán atentos a los partidos. El fútbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida. #ViajeApostólico
ORACIÓN DE LA NOCHE 🌙
Jesús, te agradezco por las fuerzas que pusiste hoy en mi corazón para salir adelante. Que mis debilidades sean oportunidades para demostrar mi confianza en ti.
Te entrego mi descanso. Instrúyeme. Repara mis fuerzas para dar lo mejor en el día de mañana.
🙏 Oración contra la Ansiedad
Señor, Príncipe de la paz,
Tú, que calmas las más terribles
tormentas, no permitas que mis
sentidos sean gobernados
por el espíritu de miedo,
la ansiedad, la duda y angustias.
Me pongo en tus manos,
sabiendo que en ti nada podrá
robarme la alegría y la paz
del corazón que quieres darme.
Que pueda recordar que me has
invitado a "descargar en ti cada
una de mis preocupaciones,
sabiendo que tú cuidas de mí"
(1 Pedro 5,7), y sé que quieres
que tu paz llene todo mi interior,
para arrojar así, a toda mi
ansiedad que busca socavar mi
confianza en tu Providencia.
Tú sabes de antemano, querido
Señor, todo lo que me preocupa,
pero quieres que me fíe de ti
y que comparta contigo todas
mis inquietudes.
Libérame de toda influencia del
mal que quiera someterme bajo
el dominio de los malos
pensamientos y emociones.
Confío, Señor, en que no quieres
que pierda ni un momento de mi
vida preocupándome. Calma
mi corazón inquieto, aumenta
mi fe y esperanza en mi vida
atribulada y azotada por la
terrible ansiedad y ayúdame a
construir la paz que necesito.
Tengo la certeza, querido Jesús,
que a tu lado, ninguna emoción
malsana prosperará contra mí.
Aunque ahora, yo no lo pueda ver
con claridad, sé que tú tienes
un plan y un propósito especial
para mí en este tiempo de crisis,
miedo y de confusión.
"Muéstrame, Señor, tus caminos,
muéstrame tus sendas,
guíame en tu verdad, instrúyeme,
pues tú eres el Dios que me salva"
(Salmo 25,4-5)
Dame la valentía de seguirte,
Señor, aunque mis pies resbalen,
aunque esté librando una dura
batalla contra la ansiedad,
sé que tu gracia me sostendrá,
sé que tú eres más fuerte,
sé que tú me darás todo lo
necesario para vencer.
Termino mi oración, Señor,
invocando aquellas palabras de
confianza del Profeta:
"Pero yo he puesto mi esperanza
en el Señor; yo espero en el Dios
de mi salvación ¡Mi Dios me
escuchará!"
- Miqueas 7,7
Amén.
I went to the shelter that Saturday with a clear plan already in place. I had picked out my dog online — a strong, handsome Pitbull mix with gentle, expressive eyes. I’d even started calling him Bruno before meeting him.
In my mind, it all seemed simple. The kennel door would open, he’d come straight to me with his tail wagging, and we’d head home together. I was already picturing hikes and having a loyal companion by my side.
But when the volunteer opened the gate, nothing went the way I imagined. Bruno didn’t move. No wagging tail, no excitement. He just stood there on the concrete, let out a quiet, uncertain sound, and lowered his head.
Confused, I stepped closer. “Come on, buddy,” I said softly, holding out the leash. He glanced at me for a moment, then looked past me. When I followed his gaze, I saw a tiny mixed-breed puppy tucked into the corner, trying to make himself invisible.
The little pup, maybe eight weeks old, was shaking. His eyes were locked on Bruno — and Bruno was watching him just as intently.
That’s when it clicked. They weren’t just sharing a space. They were each other’s comfort. In a loud, overwhelming shelter full of barking dogs, they had found a sense of peace in one another.
Bruno wasn’t being stubborn. He just didn’t want to leave his friend behind. Without a single sound, he made it clear — he wasn’t going anywhere alone.
At that point, it didn’t feel like a choice anymore. It felt like the only thing to do.
I turned to the staff, took a breath, and asked, “Is it possible to adopt both of them?” The volunteer smiled and said they had been hoping someone would. The two of them slept curled up together every night.
After the paperwork was done and everything was finalized, they walked out of the shelter side by side, staying close, just like they were always meant to.