Querer ser productivo no es más que querer ser valorado, sentir que eres especial, el mejor en algo. Pero pasan los años y te das cuenta de que el éxito no está en ser el mejor, el éxito está en ser feliz el mayor tiempo posible, porque nadie más que tú va a vivir tu vida.
Qué mágico es empezar a hablar y no saber cómo terminar, porque no quieres despedirte, no quieres dejarle ir. Aunque hablen horas, es como si nunca fuera suficiente, como si hubieran pasado minutos, porque con esa persona desaparece la noción del tiempo.
Entendemos que hay tantos colores en la vida, y que no todo es blanco o negro. Esos matices son los que hacen la diferencia, creando una vida ambigua que nos hace descubrir que la felicidad no es absoluta y la tristeza no es eterna.