✨“Nada es más verdad que Melchor, Gaspar y Baltasar”✨
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¡Gracias, @ateneodesevilla por apostar, confiar, esperar y creer en mí!
#PregónReyesSevilla2026
🤍Iré compartiendo más fragmentos hasta el 6 de enero…
Conducir el mismo coche durante más de 10 años es normal.
Usar el mismo teléfono hasta que se rompe y se descomponga es normal.
Llevar comida al trabajo todos los días es absolutamente normal.
Repetir la misma ropa y zapatos es muy normal.
Decir que no a cosas que no puedes pagar es muy normal.
Sé normal.
Hay una calma rara que llega cuando aceptas que no todo tiene explicación y que la vida es, por definición, injusta.
A veces la vida pasa -o pasa por encima-y tú solo haces lo que puedes: ir tirando, que no es poco.
Las relaciones comienzan por razones muy emocionales, energía, pasión, electricidad, magnetismo, pero se mantienen a largo plazo por razones racionales: proyecto de vida, compañía, seguridad, lealtad, complicidad, apoyo. El amor comienza con magia y perdura con propósito.
El amor es mucho más que una emoción. Si solo fuese emoción, todas las personas abandonarían el vínculo cuando llegue una etapa emocionalmente más pausada. Incluso cuando haya malos momentos. El amor es la decisión consciente de que quieres compartir tu vida con una persona, por lo que significa para ti y lo que te aporta. El amor no debería ser consumido y desechado cuando deja de ser novedoso. Los vínculos no solo se sienten, también se eligen.
Hay un duelo especialmente difícil y es el de lo que nunca has vivido, el duelo de las expectativas rotas, de los sueños o proyectos que se quedaron en el aire. El duelo de aquello que creía que sería, pero ya no será. No solamente sufrimos por lo que perdemos, también por lo que no vamos a tener. Si se puede echar de menos algo que nunca has vivido.
Tener relaciones sanas implica soltar pero también sostener. Aceptar que adaptar vidas e historias distintas requiere incomodidad y, quedarse cuando las cosas se complican, esfuerzo. Hay que saber irse pero también darle la mano al malestar si transitarlo merece la pena. Así sí