No me molesta en lo absoluto.
— El rubio dedico una dulce sonrisa a la monja, caminó hacía donde se encontraba aquel banco, tomando asiento sobre el mismo en donde esta había colocado su palma en un inicio, así quedando a un lado de esta, centrando su mirada en la misma.—
— En cuanto observó como esta lo llamo aquel gesto, se levantó de su asiento dirigiéndose hacia el confesionario, antes subiendo un par de escalones que se encontraban antes del mismo, así adentrándose finalmente en aquella habitación, esperando por más indicaciones. —
— Los libros de texto pueden esperar hasta otro día, ahora el rubio se siente tentado por las exóticas vistas que su compañera tetona ha dejado frente suya, después de ello no volverá a llamarlo debilucho. —
— Ciertamente el rubio no era alguien especialmente integrado en la religión, pero tras ver a aquella monja estuvo dispuesto a confesar todos sus pecados, sólo queda esperar la llamada de la monja para reclamar su premio. —