Entre lágrimas, la madre de Carlos Emilio protesta frente al Estadio Banorte por la desaparición de su hijo. Afirma que no puede haber celebración por encima del dolor de miles de madres que viven en angustia.
📹Mayumi Suzuki
Este sábado alzaremos la voz.
Porque más de cinco meses después, Carlos Emilio Galván Valenzuela sigue sin ser encontrado.
Porque el tiempo pasa y las respuestas no llegan.
Porque en México no podemos seguir normalizando la espera ni el silenclo.
Estaremos presentes en el partido
México vs Portugal para visibilizar lo que está pasando, para nombrarlo, para que nadie pueda ignorarlo.
Hoy no es solo por Carlos Emilio.
Es por todos los que faltan.
Por todas las familias que siguen buscando.
Su caso es uno entre miles y miles que suceden
A quienes puedan acompañar: su presencia importa.
A quienes no: difundan, compartan, nombren.
Que se vea.
Que se escuche.
Porque hasta encontrarlo, no vamos a dejar de insistir.
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Solo porque no se dice abiertamente que hay una guerra,no significa que no la estemos viviendo.
Hay una guerra en secreto,
una que se libra en las calles,
en las madrugadas,en los segundos que separan la vida de la desaparición.
Una guerra donde las balas no siempre suenan,pero el miedo golpea más fuerte.
Donde los cuerpos no siempre aparecen,pero las ausencias son eternas.
Hay una guerra camuflada bajo comunicados oficiales,bajo cifras maquilladas,bajo discursos de seguridad que ya nadie cree.
Y en esta guerra silenciosa,
nos encontramos desarmados y desamparados,frente a la presencia de aquellos que nosotros mismos elegimos,y que bajo protesta juraron protegernos con la ley y la verdad.
Pero hoy miran hacia otro lado,
como si nuestra tragedia no les perteneciera,como si el dolor de una familia fuera solo un dato más que se archiva.
Es una guerra que se libra contra la verdad,contra la memoria,contra quienes aman demasiado como para rendirse.
Porque ¿qué es una guerra si no hay muertes todos los días?
¿Qué es una guerra si no hay un enemigo oculto tomando vidas?
¿Qué es una guerra si no hay silencio impuesto,si no se busca que olvidemos a quienes nos faltan?
Pero hay algo que esta guerra no puede ocultar:
la resistencia de los que amamos.
La fuerza de quienes buscan.
La luz de quienes se niegan a aceptar el olvido como destino final.
Esta guerra no se declara…
pero cada día la combatimos.
Hasta que la verdad vuelva.
Hasta que mi hijo regrese.
Hasta que la justicia despierte.
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Desde la madrugada del 5 de octubre de 2025, cuando mi hijo Carlos Emilio Galván Valenzuela desapareció en Mazatlán, mi vida quedó suspendida. No hay días completos ni noches verdaderas; hay un dolor que no aprende a convivir con el tiempo.
Carlos Emilio desapareció en circunstancias profundamente alarmantes dentro del bar terraza Valentinos, en plena Zona Dorada del puerto. Un lugar que se presume seguro, que se promociona ante el país y el mundo. Un establecimiento, además, propiedad de quien en ese momento desempeñaba un cargo público como secretario de Economía del estado, Jesús Ricardo Velarde Cárdenas. Estos hechos han sido señalados, documentados y mencionados públicamente. Y, sin embargo, siguen sin provocar la respuesta que la gravedad del caso exige.
Lo que más duele no es solo la ausencia de mi hijo, sino la manera en que su desaparición —como la de muchos jóvenes en Sinaloa— parece diluirse, minimizarse, volverse incómoda para las autoridades, en especial para las autoridades estatales, que tienen la responsabilidad directa de investigar, buscar y responder. Mazatlán está lleno de jóvenes que no regresaron a casa, con patrones que se repiten en distintos antros de la Zona Dorada, y aun así se evita hablar de cifras, de coincidencias, de líneas de investigación claras, como si nombrar la verdad fuera más riesgoso que permitir que estas ausencias continúen.
Como madre he tocado puertas dentro de la legalidad. He hecho llamados directos a autoridades municipales, estatales y federales. Pero es en el ámbito estatal, donde la investigación debería avanzar con mayor contundencia, donde más he encontrado silencio, lentitud y respuestas que no conducen a nada. Hoy, a más de dos meses —casi tres— no tengo resultados. Solo tengo un corazón agotado de esperar y una mente que no descansa.
Y aunado a todo esto, el mundo, el sistema y la sociedad me exigen que siga adelante. Me piden que funcione, que retome una rutina, que continúe como si la vida no se hubiera fracturado. Yo me rehúso. No puedo. No se puede seguir cuando se busca a un hijo.
No puedo retomar una rutina cuando veo las cosas de Carlos Emilio aquí en casa, cuando su ausencia llena cada espacio. Él forma parte activa de mi vida cotidiana, de mis horarios, de mis conversaciones, de mis planes. Su lugar sigue ahí, intacto, y cada objeto suyo es un recordatorio de que falta lo esencial.
Por eso hoy pregunto, especialmente a las autoridades del estado de Sinaloa:
¿cómo se supone que una madre continúe su vida cuando no sabe si su hijo come, duerme, tiene frío, tiene miedo o siquiera sigue con vida?
¿cómo se le pide paciencia cuando cada día sin avances es una herida nueva?
Cada día que pasa sin resultados es un escenario que duele imaginar. No hay acompañamiento que alcance cuando lo fundamental no ocurre: buscar y encontrar. La frialdad, la lentitud y la falta de acciones visibles no solo lastiman, revictimizan.
Y cuando pregunto si esperan a que ocurra una tragedia para entonces reaccionar, no hablo en abstracto. Pienso en el caso del Carlos Manzo, cuya viuda ha expresado que hubiera deseado que a su esposo lo atendieran como hoy la escuchan a ella, ahora que él ya no está. ¿De verdad tiene que ser demasiado tarde para que la autoridad actúe?
Díganme qué les falta para encontrar a mi hijo.
Díganme qué más tiene que hacer una madre que ya ha agotado las vías legales y humanas.
Explíquenme cómo pueden dormir, comer y celebrar fechas sensibles, mientras yo no he dejado la vigilia desde el día en que Carlos Emilio no volvió. Mi casa no conoce la paz, mis noches no conocen silencio y mi corazón no conoce descanso.
No quiero discursos ni explicaciones tardías.
No quiero justicia cuando ya no haya nada que reparar.
Yo quiero a mi hijo.
Quiero su vida, su presencia, su regreso.
Eso es todo.
Eso lo es todo para una madre.
#CarlosEmilio
#BúsquedaConVida
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#SinaloaDuele
#MéxicoDuele
@AGM0128@ChapoyPati Finalmente, los hechos son irrefutables, hubo trata de menores y @GloriaTrevi estaba implicada. La situaciones legales y de televisoras son otro tema, actúen en consecuencia, pero no nieguen los hechos
@Rhevolver Por favor chic@s ! La bendición no tiene la culpa de la calentura; háganles sentirse amadas por favor; busquen terapia pero no les jodan la vida !