Es increíble que el ser humano invierta tanta energía y recursos en odiarse, agredirse, matarse. Humillar a Cuba en vez de ayudarla. Asesinar a los palestinos en vez de integrarlos al mundo. Pegarle a los jubilados en vez de aportar todos para que nuestras abuelas y abuelos vivan dignamente. ¿Cómo es posible que la cooperación y la generosidad y la empatía pierdan la batalla ante el racismo y el odio? Cómo es posible que respondamos ante el milagro de la existencia individual odiando a otro; que desperdiciemos el milagro colectivo de vivir en un planeta paradisíaco, arruinándolo. Tan fácil y tan cerca están las soluciones: el mundo es inmensamente rico: podríamos vivir dignamente todos, podríamos estar curando el cáncer y viajando a las estrellas. Pero en cambio hemos escogido poner todos nuestros recursos en portaviones y misiles. En joder al prójimo. En robarle al vecino. En abusar del débil. ¿Quiénes representan y encarnan hoy, con mayor convicción, esta agenda irracional y fratricida? ¿Y quiénes, con más o menos defectos, se han propuesto desafiarla, apostando por un mundo más justo? De la capacidad para responder esta pregunta, estimada futura electora, futuro ciudadano, dependerá la suerte del siglo.
“No fue Hitler ni Himmler quienes me secuestraron, me golpearon y asesinaron a mi familia. Fue el zapatero, el lechero, el vecino, que recibió un uniforme y entonces creyó que pertenecía a la raza superior.” Karl Stojka, sobreviviente de Auschwitz
Viejas, gordas, feas, putas, inmorales.
Qué problema tan jodido el que tienen las sociedades humanas con el cuerpo de las mujeres. No es para menos. Un organismo capaz de parir y abortar mundos es dueño de un poder insoportable.
Leyeron “Harry Potter” y se proclamaron contra la era oscura de Lord Voldermort.
Leyeron “El señor de los anillos” y se pusieron en contra de Sauron.
Vieron “Star Wars” y se pusieron del lado de La Resistencia.
Leyeron “Los Juegos del hambre” y todos fueron team Katniss.
Trump lanza un ataque militar que vulnera la soberanía de Venezuela, le aplauden.
¿Todo bien en casa con la compresión lectora?