En solo unos días,
todo puede cambiar.
Del dolor a la fe,
de la caída a la esperanza,
de la muerte… a la vida.
A veces, el proceso duele,
pero el propósito siempre vence.
Cuando mamá fallece,
nada vuelve a ser igual.
El mundo sigue girando, sí,
pero uno ya no camina del mismo modo.
Todo cambia…
Se va la voz que siempre sabía consolar,
las manos que curaban sin preguntar,
la mirada que entendía incluso el silencio.