Lo único difícil de aprender a no decir las cosas es que en un momento de crisis cuando sientes que ya no puedes más te quedas con tu dolor en el pecho, con tus lágrimas y con esas noches largas que invaden tus días de soledad.
Ninguna pareja, ninguna amistad, ningún familiar, ningún trabajo, ninguna carrera vale tu salud mental.
Que nadie te haga creer que tienes que aguantarte lo que te destruye.