Yo te veía y sentía que el corazón me abarcaba todo el pecho.
Toda la cavidad torácica, la existencia.
Todo mi ser era mirada y latidos.
Debe ser una locura lo que ama una madre, un padre.
Estoy segura que mi cuerpo no podría sostenerlo.
No quiero que me pase nunca.
Amo que estés.
En los días buenos.
En los días difíciles.
En esta etapa de mi vida.
Y en las que dejé atrás.
En lo que construimos.
¿Qué es esta tranquilidad?
Flaco:
Un pajarito me dijo algo.
Es decir, lo intentó.
Pero no hablo pajarito.
Necesito que traduzcas.
A mí, a las aves, al cielo.
El mundo.
No entiendo nada.
El lenguaje se me hace un nudo.
Un laberinto, una jaula.
Flaco, tendré que etiquetar todo.
Como en Macondo.
“No me puedo parar”
¿Qué implica?
No poder parar-se.
¿Que no existe la posibilidad de levantar el cuerpo?
¿Que no existe la facultad de poner un alto a la compulsión de los actos?
En cualquier caso, parecería que el cuerpo o los actos no son propios.
Ni el lenguaje.
Flaco:
Hasta el niño más torpe tiene explicaciones de su travesura y castigo.
Hasta el criminal menos respetable tiene un juicio que determina su sentencia.
Flaco, ¿qué tan mala fui?
Qué tan tonta soy.
Flaco, por favor.