me encanta cuando oras por algo, aparentemente no recibes respuesta, y luego, un día, estás en el centro de aquello que antes parecía imposible. La espera no es un castigo. Es preparación. Dios estuvo conspirando para que puedas recibir tu pedido en plenitud.
Te escribo porque quiero estar allí, cada mañana, contigo. Quiero estar en tu primer sorbo de café, en tu mirada perdida, y en cualquier lugar de tus piernas cruzadas. Quiero estar cuando te miras las manos pensando que te falta algo, y que en tu ducha hay sitio para dos...