Durante cincuenta años creyó conocer al hombre que dormía a su lado.
Luego, la policía le mostró lo que había estado haciendo mientras ella dormía.
Gisèle Pelicot llevaba una vida que muchos describían como ejemplar. Medio siglo de matrimonio con Dominique. Tres hijos. Nietos. Una residencia tranquila en la Provenza donde planeaban envejecer juntos. Para quienes los rodeaban, eran la imagen de la estabilidad.
Pero su cuerpo empezó a fallar.
Un cansancio que no se explicaba. Lagunas de memoria cada vez más frecuentes. Caída del cabello. Problemas ginecológicos que desconcertaban a los médicos. Despertares confusos, dolores sin causa aparente. Años así.
Una vez, desesperada, le preguntó a su esposo si la estaba drogando. Él se mostró herido. Ofendido. Ella se disculpó. Le creyó. Después de cincuenta años, la confianza parecía incuestionable.
Hasta noviembre de 2020.
La policía la citó. Dominique había sido detenido por grabar a mujeres bajo sus faldas en un supermercado. Un delito vergonzoso, pero lo que encontraron en sus dispositivos convirtió todo en algo inconcebible.
Miles de fotos.
Miles de videos.
Gisèle, inconsciente, en su propia cama.
Durante casi una década, su esposo había triturado somníferos y ansiolíticos en su comida y bebida. Cuando ella perdía el conocimiento, la agredía. Luego comenzó a invitar a otros hombres. Los contactaba en un foro llamado “sin su conocimiento”. Durante nueve años, alrededor de cincuenta desconocidos entraron a su casa en Mazan. Hombres comunes. Profesiones comunes. Vidas aparentemente normales.
Llegaban. La agredían mientras él grababa. Se marchaban. Volvían a sus rutinas.
Gisèle despertaba confundida. Y confiaba.
Cuando la policía le mostró las pruebas, cincuenta años de vida compartida se desmoronaron en un instante. Cincuenta y un hombres fueron acusados de violación agravada y delitos relacionados.
Tenía derecho al anonimato. El juicio podía celebrarse a puerta cerrada. Podía protegerse del escrutinio público.
A los setenta y dos años, eligió lo contrario.
Entró al tribunal de Aviñón, dijo su nombre en voz alta y exigió un juicio completamente abierto. Quería que se viera. Que se supiera.
“La vergüenza debe cambiar de bando”, dijo.
Durante meses se sentó frente a quienes la habían agredido. Vio pruebas devastadoras. Escuchó excusas. Justificaciones imposibles. Nunca bajó la mirada. Nunca se retiró al silencio.
El 19 de diciembre de 2024, los cincuenta y un acusados fueron declarados culpables. Dominique Pelicot recibió la pena máxima. Los demás, condenas de varios años.
Al salir del tribunal, Gisèle habló con calma. Dijo que nunca se arrepintió de abrir las puertas. Que compartía la lucha de otras personas que habían pasado por lo mismo.
El impacto fue profundo. El caso sacudió a Francia y abrió una conversación necesaria sobre el consentimiento, la violencia facilitada por sustancias y el peso injusto que suele recaer sobre las víctimas. Muchas personas, tras años de silencio, comenzaron a hablar.
Llegaron los reconocimientos. Listas, homenajes, distinciones. Pero eso no fue lo central.
Lo central fue esto:
Durante años no tuvo voz ni control.
Cuando conoció la verdad, usó su voz para romper la oscuridad.
No pidió compasión.
No se escondió.
No aceptó la vergüenza que nunca le perteneció.
La tomó y la devolvió a quienes siempre fue de ellos.
Gracias por las respuestas a la encuesta sobre mudar Aeroparque a Ezeiza o no.
Yo no lo tengo claro. Por un lado, la comodidad de Aeroparque (al menos para mí y los que viven cerca del aeropuerto), es espectacular. En ciertos horarios y volviendo sin despachar valija, logro estar en mi casa a los 30 minutos de haber aterrizado. Pero, por supuesto, lo que es bueno para mí, no necesariamente es bueno para la ciudad y para el país.
Es cierto que muchas ciudades grandes tienen más de un aeropuerto, pero también está el ejemplo de Santiago de Chile, que tiene uno solo (tal vez con más vuelos que la suma de Eze y AEP) y lo que hicieron fue construir un aeropuerto espectacular, gigante, pensado para los próximos 30 años. Además, convirtieron la ruta que lo unía con la ciudad en una megaautopista y, por s fuera poco, hicieron un túnel que atraviesa toda la ciudad para quienes viven en la zona oriental.
No digo que esta sea la solución para aplicar en Buenos Aires, sino que me parece un ejemplo exitoso de un único aeropuerto en las afueras.
Buenos Aires tiene hoy 2 aeropuertos que, en mi opinión, son una vergüenza a nivel infraestructura. Aeroparque no da más de parches y de explotado. Y lo siguen ampliando en cada metro cuadrado que encuentran. Me parece genial que operen vuelos regionales, el costo es la saturación. Toda la parte de checkin y despacho de valijas me parece un espanto, además de incómoda.
Ezeiza.. ¿Qué decir de Ezeiza? Una pequeña muestra de los problemas de este país. Otro engendro que cada 15 años recibe un nuevo plan maestro que es presentado con bombos y platillos por las autoridades de AA2000 y los políticos de turno y que jamás se concreta, o se concreta solo un 15% y así van quedando sectores de la década del 70 (como el cartucho) y la nueva terminal que se ve linda pero poco eficiente, o el galpón de los 90s que ahora está completamente vacío.
Un aeropuerto con configuración de pistas antigua, una torre de control que va a superar a la Sagrada Familia en años de construcción, con pésima conectividad con la ciudad, estacionamientos lamentables, y que encima se satura en las mañanas y las noches y parece un lugar vacío durante las tardes.
También hay que decir que tener 2 aeropuertos complica la ya mala conectividad aérea del país. Las aerolíneas deben planificar vuelos internos saliendo desde Ezeiza y desde Aeroparque para no hacer que los pasajeros tengan que ir en bus o taxi de un aeropuerto a otro para hacer una conexión. Esta solución es ineficiente y costosa. Cualquiera que mire FlightRadar, verá aviones yendo de Aeroparque a Ezeiza y viceversa para tener disponibilidad de naves.
En definitiva, no sé cuál es la mejor solución. Lo que es seguro, es que la situación actual es mala. y producto de la improvisación, y por supuesto, los negocios espurios.