Me parecen igual de radicales un evangélico que molesta a la gente en el metro, un católico que reza en la puerta de una clínica abortista y un musulmán que obliga a una mujer a ponerse un burka. No hay ninguna diferencia.
A la izquierda, la millonaria cantante Beyoncé, con un lujoso esqueleto de diamantes engastados, en la Gala Met.
A la derecha, Maryam, una niña palestina de 9 años, con el esqueleto a la vista tras sufrir la hambruna que "Israel" impone en Gaza.
Para que unos pocos lleven esqueletos de diamantes, millones deben pasar hambruna, así funciona el sistema capitalista en el que vivimos.
Si en lugar de Julio Iglesias, los presuntos abusos sexuales los hubiera cometido un africano o un sudamericano, a esta hora estaría tropa de Feijoo y Abascal lanzando canallescos mensajes xenófobos. Como el acusado es rico, famoso y de derechas, cierran fila y lo niegan todo.
Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda.
La Comunidad de Madrid jamás contribuirá al desprestigio de los artistas y menos, al del cantante más universal de todos: Julio Iglesias.