A mí no me preocupa la versión que otros cuenten de mí ni cómo decidan pintarme. Yo sé con quién fuí luz y con quién tuve que defenderme. Mis actitudes fueron respuestas, nunca ataques. Cada quién carga con su conciencia, y la mía duerme tranquila.
se me está yendo el cariño que le tenía a ciertas personas, se me están yendo las ganas de remar conversaciones que ya no tienen sentido, las ganas de insistir y de buscar, el interés… y creo que está bien porque no merezco estar detrás de nadie
A veces la vida no avisa.
Simplemente un día te despiertas y ya no está.
La risa que llenaba la casa, el mensaje de buenos días, el olor a café compartido.
Todo eso que dabas por hecho, se va sin hacer ruido.
Y te quedas tú, intentando recordar la última vez que dijiste “te quiero” sin prisa.
La última mirada sin saber que era la última.
La última vez que pensaste “mañana se lo cuento”,
sin imaginar que el mañana no siempre llega.
Aprendes que la vida se parece más a un suspiro que a un camino.
Que hay abrazos que te salvan cuando no sabes ni cómo seguir.
Y que hay personas que, aunque se vayan, se quedan.
En una canción, en un olor, en una foto que ya no puedes mirar.
Y sí, duele.
Duele tanto que parece que te falta el aire.
Pero también te enseña.
Te enseña que amar fue, es y será siempre el mayor acto de valentía.
Porque aunque tiemble todo,
aunque te rompas,
volverías a vivirlo todo solo por un segundo más de aquello.
De eso que fue hogar.
De eso que sigue siendo amor, aunque ya no esté.