Nadie habla de lo jodido que es abrirte a alguien y decirle que estás triste sin saber muy bien por qué. De intentar explicarle a tu gente que llevas una presión en el pecho, un peso constante, sin causa clara, sin un motivo concreto que señalar. Porque cuando no hay explicación, parece que tampoco hay permiso para sentirse así. Y aun así, se siente.