Caminé descalzo hasta el sofá. Él dormía. Por un instante pensé en regresar al balcón y fingir que nada había pasado. Pero entonces abrió los ojos. Y su mirada me hizo entender que quizá no era el único que llevaba demasiado tiempo esperando.
La noche estaba cubierta de nubes, pero la luna seguía brillando. Desde el balcón lo observé dormir y entendí algo peligroso: algunas tentaciones no desaparecen cuando las ignoras. Crecen. Y aquella noche decidí acercarme.
La noche parecía demasiado tranquila para guardar un secreto así. Ella se acercó lentamente; él no apartó la mirada. Durante unos segundos ninguno dijo nada. A veces, el deseo comienza precisamente cuando las palabras dejan de ser necesarias. 🌙