Mato y muero por vivir en ese loop de 2 minutos durante toda mi vida. El grito de gol desaforado, el abrazo con mi viejo y los bocinazos en plena calle. Pocas cosas se igualan a lo que fue ese miércoles milagroso en este país.
La Copa del Mundo se va terminando de a poco. Ya solo quedan 2 partidos por día con suerte. Se vienen jornadas sin fútbol. Empieza a hacer frío. Se termina esa hermosa rutina de prender la tele y saber que siempre había un Mundial para ver. Durísimo.