“SOMOS DISTINTOS. Ellos son el té a las 5 de la tarde y nosotros nos comemos una pizza con una cerveza.
Se hicieron la Eurocopa para ellos y no la pudieron ganar, mirá si serán BURROS”.
Diego Maradona, en 1996. 🚬
Hay algo peor que esta nueva vergonzante eliminación en la Libertadores: que el hincha haya asistido al papelón con resignación, sentimiento que aflora cuando los fracasos se apilan uno arriba del otro, como sucede con el segundo mandato de Riquelme. Algo altamente peligroso, porque se pierde la dimensión de cuándo se toca fondo.
Boca ni siquiera vendió cara su derrota ante la Universidad Católica en la Bombonera (primera caída en 18 partidos de local ante chilenos, tras 13 triunfos y 4 empates) y eso duele tanto como haberse quedado por tercer año consecutivo afuera del cuadro final de la Copa. Todo lo bueno que había conseguido el equipo desde el 3-0 en Lanús lo fue dilapidando desde el 0-1 con Cruzeiro en Brasil, cuando salió a pelear en vez de jugar, algo que repitió en el 0-1 con Barcelona en Guayaquil. Y cuando quiso darse cuenta ya se había metido en un quilombo del que nunca supo salir.
La eliminación es merecida, Boca hoy tiene un equipo de Sudamericana al que le pesó llevar la responsabilidad que conlleva vestir esta camiseta. Se rescata a Aranda, de 19 años, y Milton Delgado, de 20, que nunca se escondieron, las pidieron todas, fueron para adelante e intentaron hasta el último minuto.
Zeballos se quedó siempre a mitad de camino. Giménez exaspera cuando no hace un gol fuera de contexto (que casi lo hace de chilena). Paredes jugó tocado, con el Mundial a la vuelta de la esquina, y se notó el freno de mano puesto: su mapa de calor quedó muy lejos de donde marca diferencias con su jerarquía.
Nadie sabe por qué fue titular Herrera, a 39 días de su último partido (el 1-0 a River). Nadie sabe por qué Martegani volvió a ocupar un lugar en el banco: ¡no juega hace 15 meses! Velasco es el Castaño de Boca por valor y rendimiento: tuvo una hermosa contra desde mitad de cancha y se sacó la pelota de encima, abriéndola mal para un compañero, en vez de atacar el área rival. La defensa quedó en expuesta con un retroceso caótico que derivó en el golazo chileno. Y el árbitro Roldán tuvo el partido más visitantista en su particular historial localista. Nada nuevo.
Úbeda habló en conferencia como si hubiera perdido contra Banfield en la fecha 4: totalmente disociado de la realidad. Así como si la historia hubiera terminado con el exayudante de campo de Russo levantando la Libertadores (porque esto es fútbol), todos los elogios hubieran ido para Riquelme por semejante pleno; este triste final con un DT -una vez más- sin muñeca para revertir un trámite lo carga de responsabilidades al presidente: eligió para que dirija al club más grande de Argentina a un técnico que perdió más partidos de los que ganó en su carrera. Una táctica jugadorista y de subestimación constante al puesto de entrenador que volvió a fracasar. Y a la que asistimos resignados…
Iba media hora y no había pasado mucho en el partido, cuando recibió de Belmonte en su propio campo, armó una pared con Braida, sin tocarla gambeteó a Matías Galarza, de los mejores 5 del fútbol argentino, que -desairado- le tiró de atrás, pero se aguantó la patada, le metió un caño a Catalán, encaró con campo abierto, abrió para Bareiro e inmediatamente le pidió la devolución y remató de primera desde la puerta del área, abajo y bien esquinado, haciendo revolcar a Guido Herrera. Todo en 18 segundos y tras correr 70 metros. ¡Qué 10 que tiene Boca! 😮💨
De ese córner casi llega de nuevo el 1-0, cuando Tomás Aranda, el 10 en cuestión, ejecutó el córner al corazón del área y Figal estuvo a nada de mojar de cabeza.
Ya en el segundo tiempo, dos minutos después de que Arasa no le cobre un claro foul en el borde del área tras dejar pintado a Sforza con un chiche, la joya de Boca Predio puso a Merentiel cara a cara con el gol luego de gambetear al otrora infractor y bancarse a Galarza, pero el arquero se la jugó abajo y le ganó el duelo al uruguayo.
Diez minutos después, ya con Paredes en cancha y otra partitura sonando en mitad de cancha, el 5 titular de la Scaloneta escondió el pase (😮💨) y puso a jugar a su socio Aranda por izquierda, que sin dudar habilitó de cachetada a Bareiro, quien definió de primera al lado del palo. Cobraron offside pero estaba habilitado, si era gol valía. Ya había olor…
Dicho y hecho: tres minutos después Aranda se cerró para marcarle el pase a Pellegrino, que lo encontró muy bien, el 10 encaró y abrió para Merentiel, el yorugua -que venía errático- asistió con precisión quirúrgica a Bareiro, y el 9 -sin quedar nunca adelantado- la empujó para el 1-0. ¡Un gol con la vieja fórmula que tantas alegrías nos dio!
Luego el pibe tuvo tiempo para probar otro remate tras su típico recorte de izquierda al centro, y de dormir el partido bajo su suela en el descuento, apilando rivales. “Teníamos que hacer un poquito de tiempo y nada más lindo que con la pelota”, tiró tras ser elegido como la figura de partido. Tranquilo, tonto corazón.
Pellegrino y Paredes completan el podio del triunfazo de Boca en Córdoba. El 6 está en condiciones de quedarse con el lugar de Costa (una disputa de dos muy buenos centrales) y al 5 le alcanzó media hora para abrir caminos desde sus indescifrables pases. Hasta Delgado, su otro socio, levantó con él en cancha.
A Úbeda le salió bien la arriesgada jugada de cambiar a la defensa entera en una parada brava, a 5 días del debut en la Libertadores: amén de Pellegrino, Figal y Braida cumplieron y Barinaga la luchó, en un puesto que sigue sin dueño. Salvo en el cierre de ambos tiempos, con algunas dudas de Brey mediante, el equipo no sufrió.
Tres puntos vitales para escalar posiciones en la anual, acomodarse arriba en la Zona A y arrancar con una sonrisa el cumpleaños 121 del movimiento popular más grande del mundo, que le dejó 850.000 dólares en las arcas a Talleres tras colmar la tribuna visitante agotando las 11.000 (im)populares a 110 lucas. ¡Feliz cumple, mi buen amigo! El deseo está cantado: vamos, Boca, vamos…
Nahuel Molina. Leo Balerdi. Agustín Almendra. Facundo Colidio. Mateo Retegui. Nicolás Capaldo. Alan Varela. Exequiel Zeballos. Cristian Medina. Equi Fernández. Nicolás Valentini. Valentín Barco. Aaron Anselmino. Y Milton Delgado. A esta lista cronológica de destacados jugadores que sacó el Xeneize de sus Inferiores solamente en la última década ya podemos sumar a Tomás Leandro Aranda. El 10 de Boca.
Desde esos 8 minutos que le dio Úbeda ante Estudiantes en La Plata, cuando -ante la avalancha de lesionados- debutó mientras las papas quemaban y no dudó en enganchar de izquierda a derecha, hacer pasar a dos rivales y sacar un remate que estuvo cerca de ser el 2-2 agónico, la nueva joya de Boca Predio demostró que estaba para más.
Fueron cinco ingresos más como suplente hasta tener la gran oportunidad como titular ante Lanús. Y cumplió con creces. Su ingreso al once inicial, en coincidencia con la vuelta de Delgado a la sociedad de lujo con Paredes y la llegada de Bareiro, le devolvió al equipo ese eslabón perdido que faltaba para unir las piezas. Ahora el 5 de la Selección tiene a quién buscar entre líneas. Milton y Ander tienen con quién jugar de primera. El paraguayo tiene a quién pivotearle. Merentiel tiene a quién tirarle diagonales. Blanco tiene con quién hacer el dos-uno. Boca tiene con quien generar juego sin ser Paredesdependiente.
El golazo riquelmeano que hizo para abrir un partido ante Instituto que en el primer tiempo se había presentado peligrosamente de ida y vuelta, tras un movimiento de crack para limpiar a su marcador y sacar un remate con magia, bien esquinado, es el mejor premio para coronar sus primeros dos meses en la Primera del único grande… que en unas semanas empezará a jugar la Libertadores. Y su aparición reconforta, renueva esperanzas. Ilusiona.
Ya en el primer tiempo había dejado, de primera, cara a cara a la Bestia con el gol. Y en la segunda mitad, tras su exquisitez para el 1-0, fue clave en el 2-0 matando un despeje con la suela y habilitando a Merentiel para el gol de pescador de Bareiro, el acierto de Riquelme que llegó a Boca para devolverle a La Mitad Más Uno un 9 como manda la historia del club.
Tras cuatro empates al hilo en la Bombonera llegó la necesaria (y merecidísima) victoria en casa, antes de una seguidilla picante post fecha FIFA, que tendrá 6 de 8 partidos de visitante, de los cuales cinco serán al hilo entre River en el Monumental (19/4) y Barcelona en Guayaquil (5/5).
Para seguir construyendo lo que empezó bajo la Luna de Lanús será vital mejorar el nivel de la defensa, que tiene a un Costa con la flecha para abajo (el VAR lo salvó de coronar otro flojo partido con un gol rival por error no forzado) y a un Weigandt irregular, pero que mostró una mejor versión de Di Lollo y a un Blanco que empieza a entenderse con Aranda. Y la lesión de Marchesín tras evitar el empate con la de Dios, como tantas veces imaginó de pibe con el buzo del Mono, le abre la puerta a Brey, quien deberá ganar en confianza para bancar la parada.
Ganó Boca. Fluye el juego. Mojó Aranda. Mojó Bareiro. El lunes (no laborable para algunos) será un poquito menos lunes.
Tras juntar a Belmonte, Ascacibar, Delgado y Alarcón ante Racing en la Bombonera, consiguiendo el récord de cero remates totales en el primer tiempo; y luego de poner a Belmonte, Delgado y Alarcón ante Gimnasia de Chivilcoy, en una primera mitad en la que le llegó muy poco al equipo del Federal A; Claudio Úbeda no tuvo mejor idea que insistir con ese pastoso camino y arrancar de local ante el reciente ascendido Gimnasia de Mendoza con Alarcón, Ascacibar y Delgado, a quienes se sumó Janson por izquierda, por lo que el chileno quedó pegado a la banda derecha, incómodo, en otro partido olvidable completado con la marca perdida en el 0-1.
Por supuesto que con semejante formación el juego volvió a brillar por su ausencia y Boca dependió del armado de Milton, el único que arriesga con el pase, esta vez con irregular precisión, y del desequilibrio de Blanco, quien tiró 19 de los 41 centros del equipo. Al menos ahora hay un 9 que se nutre de eso (ya habrá revancha en el alambrado, Bareiro) y mandaba a la red la jugada del gol anulado por el VAR. La revisión desde Ezeiza tuvo que imaginarse dónde estaba el talón del defensor (tapado por Merentiel) para, sin tirar línea al piso pese a que parecía levantado, marcar el offside milimétrico de Janson, luego de probar suerte con un inexistente penal en la otra área.
Dóvalo completó la escena comunicando mal el fallo, así como decidió cortar mal dos ataques prometedores del local sin dar clara ley de ventaja, uno en cada tiempo (a Janson en el 1T, a Aranda en el 2T), sin siquiera amarilla en el primer caso: solo hubo una advertencia de “¡basta!” para el infractor. Un tierno. Y pensar que algunos pensaron que amonestó dos veces a Ascacibar y se “olvidó” de echarlo. Unos tiernos.
El primer tiempo se fue con el enésimo gol recibido de pelota parada, el empate de Merentiel, que no jugó bien pero mojó y es importante para recuperar confianza, el 2-1 anulado en la mejor intervención de Janson en sus 53 minutos en cancha, y no mucho más.
El triple cambio a los 8’ del segundo tiempo, lógico, mutó la fisonomía de los ataques. Les dio vida. Paredes manejó los tiempos y puso a jugar a sus compañeros, Aranda fue al frente a pura desfachatez y gambeta y le faltó concretar algo de todo lo que generó, y Zenón, sin ser una luz, se asoció mejor con Blanco. Con un poquito de sentido común Boca estuvo a punto de ganarlo. Pero fue empate, el tercero al hilo de local, calificado por la Bombonera con una nueva silbatina y la preocupación por no ver un horizonte: 9 de 21 es la magra cosecha en el arranque del año.
El miércoles, tercera salida de visitante del año tras el 1-2 con Estudiantes y el 1-2 con Vélez. El rival, Lanús, flamante campeón de la Recopa Sudamericana en el Maracaná. Mientras tanto, llueven las preguntas. ¿En serio Boca no va a traer un 10? ¿En serio Boca no va a traer un extremo? ¿En serio Boca va a ir por la vida probando interinos? ¿En serio Riquelme va a seguir haciendo de cuenta que no pasa nada?
Hacía 211 partidos en la Bombonera que Boca no terminaba un primer tiempo sin intentar un remate. Ni al arco ni desviado. Ninguno. Cero. Una estadística demoledora.
La última vez había sido hace 10 años, en un 0-0 del Boca de Guillermo ante el Defensa de Holan, por la última fecha de la Liga 2016, sin nada en juego y tres días después de clasificarse a semis de la Libertadores tras vencer por penales a Nacional de Uruguay. Esa noche el mediocampo formó con Jara, Pablo Pérez, Bentancur y Fabra. Causalidades.
Esta noche el DT con récord negativo en su interrumpida carrera como entrenador de clubes (48-45-56) puso a Alarcón, Delgado, Ascacibar y Belmonte, en un claro intento por priorizar no perder por sobre ganar: el empate le servía más a Úbeda que a Boca. Dicho y hecho. Lamentable.
Nobleza obliga, con tanto overol en cancha el equipo tuvo otra actitud, algo que debería ser ley primera con la azul y oro, pero que últimamente escaseaba: metió, luchó y no se dejó prepotear por un Racing que suele hacerse fuerte en ese terreno, más aún al haber contado con el beneplácito de Rey Hilfer, permisivo con el visitante y riguroso con el local. Nada nuevo en la AFA bosteran’t…
Milton Delgado, el mejor del rocoso medio, jugó para adelante y arriesgó con sus pases, por más que lo lloren algunos colegas con efebifobia. Titular.
Ascacibar tuvo despliegue y levantó el nivel de sus últimos dos partidos. Alarcón y Belmonte fueron cambios cantados. Merentiel y Cavani también. La Bestia no es ni la sombra del que emocionó en Miami y el ex PSG y Manchester United no es ni la sombra de la sombra. La contra que dilapidó antes de salir resume su presente. Los silbidos marcaron un límite.
Weigandt aprobó en la lucha, la dupla central mejoró su última imagen, Blanco tiró 13 de los 21 centros de Boca, Marchesín tuvo un tapadón de otro partido y el “vamos, vamos, los pibes” que sonó en la Socios Sur con Gelini, Aranda, Zufiaurre, Delgado y Di Lollo en cancha fue un premio a los juveniles que vienen dando la cara en un arranque de año agitado. Merecen más minutos mientras la enfermería siga llena.
El pitazo final llegó con un insólito festejo de Gustavo Costas que expone el momento del rival y con Boca sin haber pateado un tiro al arco (entre los tres palos) en los 97 minutos que duró el partido, algo que no ocurría desde 2021 en Brandsen 805, en un 1-2 ante Talleres sin público por la pandemia, con gol en contra de Michael Santos.
Esta vez hubo público y -por ende- reprobación final para un equipo en eterna construcción. Es momento de otro Topo Gigio de Riquelme. Pero esta vez para escuchar al socio que lo eligió dos veces.
“Efemérides”:
Porque un día como hoy hace 30 años, José Cabezas un fotógrafo argentino sacó foto de Alfredo Yabrán, un empresario poderoso en Pinamar, estas fotos expusieron su rostro públicamente y en 1997, Cabezas fue secuestrado, torturado, baleado y quemado en un auto