@RoyBarreras@aliciasarmiento Pocos políticos salen por la puerta grande, servir es una vocación y la política a veces es una equivocación, se paga con la vida a veces, por que la apagan los crimínales decadentes ideológicos , vivir de la política es un riesgo ⚠️
@SARGENTOCHALA Los responsables somos todos, el estado que con su irresponsabilidad ante las falencias institucionales de dar oportunidades a la niñez, los grupos crimínales que se aprovechan de su inocencia y manipulación para utilizarlos de carne de cañón y todos lloramos mientras los matan.
Del olvido al bombardeo: el doble crimen contra la infancia en Colombia.
Para entender esta gran tragedia, hay que ir un paso más allá. Aunque los principales y directos responsables del reclutamiento indiscriminado de menores son los grupos criminales, existen razones profundas que explican por qué la infancia se volvió su insumo más codiciado: los niños son moldeables, fáciles de adoctrinar, económicamente baratos de mantener y prescindibles para la guerra. Son, además, el escudo humano perfecto.
Sin embargo, el problema de fondo no radica únicamente en la crueldad de estas estructuras, sino en la omisión histórica de un Estado incompetente que no ha podido disputarse el territorio. Hablamos de niños nacidos en la miseria absoluta, sin oportunidades, criados en parajes donde la única autoridad visible lleva un fusil.
Ante esta realidad, la respuesta institucional y social no puede ser la más cobarde: que ese mismo Estado que jamás les garantizó oportunidades, una escuela o un plato de comida, hoy declare su territorio como zona de guerra, y que una sociedad enferma, que primero les falló y los condenó al olvido, ahora celebre y aplauda cuando una bomba los borra del mapa, nada más miserable y enfermo que ese actuar.
@SARGENTOCHALA El vocabulario del tipo lo dice todo, no argumenta, odia. Y no defiendo al sargento, ni nada, a ese paso será que vuelven los falsos positivos
Fachadas ideológicas, intereses compartidos: la vergonzosa jugada en la Comisión de Acusación.
Lo que hicieron estos cinco congresistas del Pacto Histórico @PactoCol, es inaceptable y una completa vergüenza. En su momento, celebraron con bombos y platillos haber logrado la mayoría en la comisión de acusación; sin embargo, queda claro que allí los intereses eran otros, pactando acuerdos incluso para proteger a Álvaro Uribe. El hecho de emitir un comunicado tardío para intentar lavarse la cara no los exime de su responsabilidad.
Engañaron a las víctimas de frente y sin asco, avalando que las masacres de La Granja y El Aro, así como el asesinato de Jesús María Valle Jaramillo, abogado y defensor de derechos humanos, sean investigados en la comisión de acusación. Por encima de cualquier maniobra, está la justicia y no la impunidad.
Siempre lo he manifestado: el bipartidismo en Colombia nunca desapareció; mutó, se transformó y evolucionó hasta consolidarse en dos extremos, derecha e izquierda, capaces de dividir y polarizar a la sociedad de manera profundamente dañina.
Detrás de las fachadas ideológicas que cada bando exhibe ante el público, se mueven intereses invisibles que revelan complicidades y colusiones. Dirigentes que pactan a puerta cerrada, que hacen acuerdos y se reparten beneficios como socios de un mismo negocio, sin mayor consideración por las necesidades y aspiraciones de la ciudadanía. En ese panorama, la lealtad hacia el “pueblo” es un mito:
El discurso de lucha de clases que deberían emplear para defender derechos y necesidades reales se reduce, muchas veces, a una plataforma para camuflar ambiciones. Son descarados, ruines y miserables. La retórica que prometen, orientada a un supuesto cambio social y a la reivindicación de los más desfavorecidos, se deshace cuando alcanzan el poder.
🚨 ENFRENTAN A JAIME ARIZABALETA EN CALI Y LE RECLAMAN FALTA DE GESTIÓN
Jaime Arizabaleta, activista del Centro Democrático, quedó en evidencia en las calles de Cali tras ser duramente encarado por un ciudadano indignado por su falta de trabajo real. En un video que se viralizó rápidamente, se observa el momento en que el hombre le grita en la cara "¡no haces nada por Cali!", echándole en cara que su actividad política se limita a grabar contenido para redes sociales y buscar figuración digital, en lugar de aportar soluciones concretas a los graves problemas que enfrenta la capital del Valle.
El reclamo reflejó el descontento de un sector de la ciudadanía que rechaza el politiquero enfocado únicamente en la pantalla. Las redes sociales no tardaron en reaccionar respaldando la postura del habitante de Cali, señalando que los líderes deben trabajar en el territorio y no conformarse con hacer show en internet para ganar seguidores.
@elmermontana@BluRadioCo@NestorMoralesC Nunca escucho a este individuo, hace mucho tiempo se que clase de persona es, no ha superado su forma de ser y actuar
CHAO PETRO
Jamás olvidaremos tu posesión en la Plaza de Bolívar con entrada gratis pa indios, negros, mestizos, mulatos, zambos… y no como Abelardo, que le entregó la posesión a tuboleta punto com.
No me da ningún miedo decir que no confío en alguien que diga que va a gobernar con la Biblia en una mano y el fusil en la otra. Colombia puede pasar del tiempo de los ateos vergonzantes al tiempo de los conversos maliciosos: William Ospina https://t.co/RlI1SF1E0c
"Las campañas no se ganan con propuestas": el manual del engaño que llevó a De la Espriella a la Presidencia
No fue un desliz. No fue una confesión accidental captada por un micrófono abierto. Fue una declaración pública, franca y descarada, hecha por el propio Carlos Suárez, estratega de campaña de Abelardo de la Espriella, en una entrevista para Noticias Caracol. Cuando le preguntaron cómo lograron que un abogado penalista sin experiencia en cargos públicos, sin plan de gobierno claro y sin una sola propuesta económica seria alcanzara cerca de 13 millones de votos, Suárez respondió con la crudeza de quien sabe que ya ganó y ya no necesita disimular:
"Las campañas no se ganan con las propuestas (...) para ganar elecciones unipersonales se tiene que mover emoción, sentimientos".
Ahí está, en una sola frase, toda la verdad que el electorado colombiano no quiso ver durante meses: no le vendieron un proyecto de país. Le vendieron un show.
Abelardo de la Espriella no llegó a la presidencia como estadista. Llegó como presentador de televisión que encontró el escenario más grande del país. Y lo sabía. Sus propios asesores lo bautizaron como una marca, no como una candidatura. Crearon la "De La Espriella Style", lanzaron una app digital, y convirtieron cada mitin en un concierto de pop: pantallas gigantes, videos con inteligencia artificial, explosiones de pólvora, drones iluminando el cielo, y el candidato saludando al grito de "¡Firme por la patria!" con la camiseta de la selección Colombia puesta.
Esto no es política. Es teatro de masas. Es el mismo método que usan los telepredicadores para llenar estadios y vaciar bolsillos: mover emociones, no razones. Y funcionó. Mientras la izquierda discutía reformas tributarias, salud pública y transición energética, De la Espriella prometía "destripar" a sus opositores, extraditar a Petro, encarcelar a Cepeda y construir megacárceles como las de Bukele. No explicaba cómo. No importaba cómo. Lo que importaba era la emoción: la rabia, la venganza, la ilusión de que alguien finalmente iba a "peinar" a los de siempre.
La retórica vacía del "corroncho" millonario
De la Espriella supo leer perfectamente el resentimiento de una élite bogotana que lo miraba por encima del hombro. Se autodefinió como el "corroncho" que iba a poner en su lugar a los "cachacos" de la capital, usando el mismo lenguaje despectivo que antes le habían tirado a él. Vendió su riqueza ostentosa —sus carros costosos, sus vinos exclusivos, sus trajes Louis Vuitton— no como vulgaridad, sino como prueba de éxito, exactamente como hizo Donald Trump.
Y la gente compró el personaje. Compró al litigante millonario que prometía aplicar "todo el peso de la ley" contra quienes odiaban. Compró al boxeador que en cada discurso tocaba su bíceps derecho como si fuera a lanzar un golpe. Compraron la fantasía de que un hombre que nunca había administrado ni una alcaldía podía "arreglar este platanal en ocho meses".
Pero nadie le pidió el plan. Nadie le exigió los números. Porque, como dijo Suárez, las campañas no se ganan con propuestas.
El precio de votar con el estómago
El problema no es que De la Espriella haya usado el método. El problema es que funcionó. Que cerca de 13 millones de colombianos prefirieron un espectáculo a un debate, un insulto a una política pública, una promesa de venganza a una hoja de ruta de desarrollo. El problema es que cuando un candidato admite abiertamente que no necesita propuestas para ganar, y aun así gana, le está enseñando a toda una generación de políticos que el engaño emocional es más rentable que el trabajo técnico.
Carlos Suárez, con su honestidad brutal, reveló el secreto de la cocina: la democracia no se ganó con ideas. Se ganó con manipulación afectiva. Con la misma lógica con la que un televendedor te vende un producto que no necesitas apelando a tu miedo, con la que un pastor estafador te pide diezmos prometiendo milagros, con la que un influencer te vende una vida perfecta que no existe.
De la Espriella fue, durante toda la campaña, un producto de marketing político. Su estratega lo diseñó como marca, no como líder. Le copió el tigre a Milei, el espectáculo a Trump, la mano dura a Bukele, y el patriotismo de cartón a Bolsonaro. Todo importado, nada propio. Todo emoción, nada sustancia.
Abelardo quiere convertir a Cali en un laboratorio para disciplinar al progresismo mediante el uso de la fuerza.
Por eso la consigna es NO DAR PAPAYA.
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