Desde ese día intento recordar algo:
La persona que te parece fría puede estar de duelo.
La que parece distraída puede estar agotada.
La que parece malhumorada puede estar atravesando algo que jamás te contará.
Nunca sabes qué batalla está librando la persona que tienes delante.
Así que, antes de juzgar, deja un poco de espacio para la posibilidad de que no conozcas toda la historia.
Me lo tomo personal, porque a esta edad uno ya sabe lo que hace, con quién lo hace y por qué. No hay excusas, los actos hablan solos y no tengo por qué minimizar nada.