La decepción tiene un poder que pocos admiten: ayuda a soltar. Duele y confunde, pero también aclara. Cuando entiendes que no eres valorado como mereces, algo cambia: dejas de insistir. No es que desaparezca el cariño; desaparece la ilusión.
Y con eso, empiezas a elegir paz.
Confíen en el proceso, trabajen, no vean relojes ajenos, sean constantes y positivos, incluyan a Dios en todos sus planes, los tiempos cambian y nosotros también.