El presidente Nicolás Maduro designa a Alex Saab como nuevo ministro de Industrias sustituyendo a Pedro Tellechea, quien fue designado en dicho cargo el 27 de agosto.
Imágenes indignas para el pueblo de Venezuela.
Entiendo lo de negociar con EE.UU. pero esto es completamente indigno.
Música para los secuestradores del presidente, poco más de un mes del secuestro.
Elías Jaua agrede a periodista y luego intenta robarle la cámara para destruir la grabación. Septiembre 2010.
Chávez vivía, no había sanciones y el barril en $100.
Tener memoria porque andan con el cuento chimbo de que “algunos son distintos” y que “con Chávez era otra cosa”.
Ahí tienen al podemita Monedero cazado en las elecciones en Honduras viendo perder a su candidata comunista. Ahora que no puede cazar jovencitas en la Complutense se dedica a mal asesorar a candidatos del Foro de Sao Paulo cobrando de la manera que ya sabéis.
El poder corrompe, sí, pero no de golpe.
No es que uno se siente en una silla presidencial y pum, el alma se le llena de moho.
No.
Empieza con cosas pequeñas como «voy a ponerme primero en la fila del café porque tengo una reunión importante».
Luego, sin darte cuenta, ya tienes a tres asistentes sosteniéndote el vaso biodegradable mientras tú decides si invadir o no un país.
La pendiente resbaladiza del poder tiene el mismo ángulo que el ego humano, y ambos son imposibles de escalar sin tropezar con uno mismo.
Resulta que el poder reduce tu capacidad de ponerte en el lugar de otros, o eso dicen los científicos.
El cerebro poderoso se desconecta del ajeno y solo escucha su propia voz. Por eso es que cuando le hablas a un político sientes que te responde con un eslogan.
El poder corrompe y en el trading pasa igual.
Mientras más crece tu cuenta, más grande se hace tu ego.
De repente sientes que descifraste el mercado, que entiendes algo que los demás no ven.
Cuanto más control percibes, menos dudas tienes. Y cuando no hay dudas, la prudencia desaparece.
Es el punto exacto en el que pasas de analizar gráficos a lanzar órdenes como quien reparte bendiciones.
Lo peor es que te convences de que no fue suerte, sino talento puro.
Igual que el político que atribuye su victoria a su carisma y no al algoritmo de redes sociales.
Esa sensación de estar por encima de los demás es como una droga.
Cada operación ganadora refuerza el mito de que eres distinto.
Pero el mercado no es tu fan.
Es más como un gato que te ignora hasta que le das confianza, y entonces, zas, te araña.
El trader poderoso se cree dueño del riesgo, cuando en realidad solo tiene un préstamo temporal de buena suerte.
El antídoto no está en volverte humilde a la fuerza ni en fingir modestia.
Está en recordar que el poder, sea político o financiero, solo amplifica lo que ya eres.