Hijo mío, si llegas a ser sabio, también yo me alegraré de corazón. No envidies a los pecadores y respeta siempre al Señor, porque así tendrás futuro y tu esperanza no se quebrará. Escucha, hijo mío, hazte sabio y sigue el camino recto.
Proverbios 23:15.
"Soy Jesús, dame tu mano, y si no te basta con mi mano, te tomaré con mis brazos y recorreré por ti parte de tu camino, hasta que recuperes las fuerzas y vuelvas a llenarte de amor y de esperanza. te quiero ayudar, sólo dame tu mano".