Y aún cuando elijo renunciar a ti, deseo desde el fondo de mi ser, y de mi corazón, no hacerlo.
Deseo gritar a los 4 vientos que ojalá estuvieras aquí; que extraño a mi compañera y que la vida pierde sentido sin ti.
Me aferro a un milagro imposible, a un abrazo que no sucederá.
No hay día que no pregunte si tú también me extrañarás de la forma en que te extraño yo.
Me pregunto si la nostalgia también clava sus garras en tu pecho, o soy solo yo la única víctima de todo esto.
Han pasado años desde que no escribo de ti o, más bien, para ti.
Quizás ya no tiene caso, pero igual quería disculparme por haber roto el corazón que más me ha amado.
Espero que esta postal nunca te llegue.