En el lago helado
del infierno, Satán,
que somos tú y yo,
sentados en cada
una de sus alas,
espera redención
con los codos clavados
y las piernas heladas.
Me baila doble la serpiente
dorada en las horas prohibidas
y la miro con los ojos a media
persiana bajada por si es parte
de su hechizo o es el sueño
que nos invita a quemarlo todo
os dormir.
Se avecina tormenta,
huele a humedad,
salada, amarga
de lágrima y sangre.
La paz es
un ave enferma que
planea entre los vientos
y discursos de los
señores de la guerra.