Empiezo a odiar el verano. Con una cardiopatía isquémica y cinco stents, salir a la calle resulta peligroso. Voy a pasarme el verano en casa con el aire acondicionado y bien hidratado. Hasta septiembre, viviré felizmente recluido, lejos del calor.
La fotografía es de @JeosmPhoto y se realizó en el verano de 2025.
NADA ES COMPARABLE A A LA DICHA DE AMAR
Historia del erizo Descartes
Descartes era un erizo y vivió en mi jardín durante ocho años. Durante uno de mis paseos por la estepa castellana, me interné en un pequeño barranco. Ese día, las nubes parecían brevas incendiadas en un cielo nazareno y un verde melancólico subía y bajaba por los valles, levemente ondulado por un viento frío. Al fondo del barranco, serpenteaba un arroyo, con fresnos, chopos y sauces muertos que se quemaron durante un incendio acaecido hacía una década. Los troncos ya no estaban carbonizados. Ahora exhibían una palidez fantasmal, casi de osario. Atisbé el agujero en un tronco y me pregunté si era el hogar de un búho, una lechuza o un autillo. Bella, una perrita fiel y afectuosa que a veces me acompañaba durante mis paseos, comenzó a ladrar junto al agujero. No cesaba de mover la cola y escarbar, pero el árbol —muerto y petrificado— era una barrera infranqueable para sus uñas. Intrigado, me aproximé y, no sin cierto miedo, exploré el tronco con la luz de un teléfono móvil. Descubrí un bulto de color marrón que bufaba lastimosamente. Parecía un erizo, pero muy pequeño. Me había cruzado muchas veces con ejemplares adultos, especialmente en las noches de verano, cuando la oscuridad marca el inicio de su travesía diaria para buscar alimento. Siempre me había sorprendido su tamaño y su ruidosa respiración, que raramente pasa desapercibida. Es difícil no simpatizar con un erizo, con sus ojos negros, su vientre blanco y su morro afilado. Cuando levantan la cara, descubres una mirada curiosa y sin malicia.
Schopenhauer explicó las relaciones humanas, empleando el símil de un grupo de erizos que combaten el frío, aproximándose unos a otros. Las púas les obligan a mantener cierta distancia, pero el calor que desprenden los cuerpos actúa como un imán. La metáfora no reproduce un comportamiento real, pues los erizos son solitarios, al igual que el filósofo alemán, cascarrabias notable y solterón empedernido. Sin embargo, la fábula expresa el miedo a la soledad y el temor de sufrir por un exceso de cercanía con los otros. El equilibrio es la solución, pero el justo medio representa la perfección y la perfección no es una meta humana, sino un sueño.
Pensé en alejarme, pero los gemidos me inspiraron lástima e introduje el brazo en el tronco. Noté las púas con la punta de los dedos, pero no se erizaron ni opusieron resistencia. Cuando al fin pude agarrarlo, el erizo se estiró en las palmas de mis manos, casi como si fuera a desmayarse. Siempre he convivido con animales y advertí que sufría un agudo cuadro de deshidratación: piel seca y arrugada, respiración agitada, fuertes latidos cardíacos, ojos hundidos, confusión. Era un cuadro de shock que reflejaba falta de flujo sanguíneo. Si lo dejaba allí, moriría en pocas horas. Lo envolví en mi gorro de lana y regresé a casa apresuradamente, mientras Bella ladraba sin parar. Una deshidratación es reversible, si actúas con rapidez. Abrí la puerta del garaje y busqué el biberón que había utilizado para alimentar a Bella, abandonada con solo unos días de vida.
No sé si es el síntoma de un incipiente síndrome de Diógenes, pero tiendo a conservar los objetos con cierto valor sentimental, por muy insignificantes que sean. Cuando recogí a Bella, el veterinario me advirtió que sus posibilidades de sobrevivir eran escasas y que solo se salvaría alimentándola cada dos horas, lo cual me obligó a interrumpir mi sueño durante semanas con un despertador y a utilizar como guardería el departamento del instituto donde impartía filosofía, aprovechando los huecos entre clase y clase para darle el biberón. Si no hubiera obrado de ese modo, Bella habría muerto de hipoglucemia. El director del centro y el inspector de zona eran buenas personas y no pusieron ningún inconveniente. Los padres no se molestaron y los alumnos me ayudaron encantados. Bella salió adelante, pero ahora me enfrentaba a un nuevo reto y ya no se trataba de un perro, sino de un erizo.
El destino y mis manías se habían aliado para salvar al biberón de su previsible condena al cubo de la basura. Era una buena señal. El pequeño erizo colaboró desde el principio, mordisqueando el chupete. Dos días más tarde, se hallaba totalmente recuperado y se paseaba por la cocina, buscando algo que comer. Bella aceptó su presencia, sin molestarle, salvo para intentar jugar, algo que nunca consiguió. El veterinario me dijo que podía alimentarlo con pienso de gato pequeño, pero me advirtió que era un animal salvaje y que la ley prohibía conservarlo como mascota. El erizo aceptó el pienso encantado. En menos de una semana, su volumen y su peso se habían incrementado notablemente.
Lo saqué al jardín y le abrí la puerta invitándole a regresar a la naturaleza, pero no mostraba ningún interés por alejarse. No sin mala conciencia, lo llevé al campo y lo dejé en libertad, pero a las pocas horas lo encontré de nuevo en el jardín. Había empujado una precaria alambrada con el hocico, levantándola unos centímetros. Era un hueco insignificante, pero suficiente para su cuerpo elástico y menudo. Bella ladraba encantada, con la alegría del que recupera a un amigo. A los pocos minutos, el erizo comía otra vez pienso de gato. Me acosté y por la mañana comprobé que seguía en el jardín. Con unas hojas y unas ramas, se había construido una especie de nido y dormía tranquilamente, roncando a pierna suelta. Compré un bebedero para conejos y lo sujeté en la pared de la casa con un clavo. El erizo aprendió a usarlo enseguida, demostrando una inteligencia despierta y un agudo sentido de la supervivencia. Pasaron las semanas y, salvo algunas escapadas, se pasaba la mayor parte del tiempo en mi jardín. De día, dormía; de noche, husmeaba por los rincones y se comía su ración de pienso. Hablé con el padre de un alumno, que era guardia civil, y le expliqué la situación. Se rio y me comentó que debería avisar a Seprona, pero me aclaró que yo no retenía al erizo, por lo cual no me podían acusar de mantener en cautividad a un animal salvaje.
—Tienes un okupa en tu jardín —comentó, divertido—. A ver qué haces.
No hice nada. Cuando llegó el invierno, compré una caseta para perros y coloqué hojas secas en su interior. El erizo entendió que era el lugar idóneo para hibernar y se enterró entre las hojas, iniciando su período de letargo. Durante ocho años, comió, paseó, dormitó e hibernó en mi jardín. Comía de mi mano, aceptaba mis caricias, y si me sentaba a su lado, trepaba por mis rodillas, alzando el hocico para mirarme a los ojos. Yo pensaba en el zorro domesticado de El principito, explicándole al joven de pelo rubio y ojos soñadores que domesticar significaba en realidad «crear vínculos». «Si tú me domesticas —explicaba el zorro—, tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo… Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol».
Cuando entendí que el erizo no se marcharía de mi jardín, salvo para breves excursiones en época de celo, decidí ponerle un nombre. Era un macho y Descartes me pareció una buena opción. Hegel escribió: «la lechuza de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo». Desde entonces, la lechuza es el animal emblemático de la filosofía, pero yo creo que el erizo, solitario y ensimismado, dubitativo y profundo, expresa mejor el espíritu filosófico. Me atrevería a decir que el erizo es un ermitaño, aficionado a la contemplación y al silencio. Hace casi nueve años, Descartes hibernó al llegar el invierno, pero por causas que desconozco abandonó la caseta a los pocos días, se ovilló al pie de una acacia y se le paró el corazón.
Enterré a Descartes al pie de la acacia y, a la primavera siguiente, sus flores brotaron más blancas y más luminosas. De vez en cuando, me acerco al barranco donde encontré a Descartes. Durante las noches de verano, las estrellas tiemblan en lo alto, como hojas agitadas por el viento, y pienso que Descartes se encuentra en una de ellas, no muy lejos del planeta del principito. Algunos darán un respingo al escuchar esto, esbozando una mueca de escepticismo. Su incomprensión me recuerda a Doña Domitila, que no aceptó a Platero en la escuela, alegando que no sabía nada de gramática ni de aritmética. Es cierto, pero el problema no era de Platero, «el borriquillo niño que también entendía a los niños», sino de la maestra, que «se había dejado secar el corazón y no sabía nada de ternura, ni de amistad». Sé que Francisco, juglar de Dios, le habría abierto la puerta —del aula y del cielo— a Platero, a Descartes, al zorro de El principito y a todos los que son capaces de «crear vínculos», pues donde hay amor, hay sabiduría.
Fragmento de Elogio del amor, @RocaEditorial
Hace tiempo, comenté en este espacio lo duro que resultaba superar los 60 años sin hijos ni familia. Inmediatamente, una colección de miserables comenzaron a decir que mi mujer y yo habíamos elegido esa situación por egoísmo, pues habíamos preferido viajar y disfrutar de nuestra juventud. La realidad es que los problemas de salud nos impideron ser padres.
Los comentarios más crueles siempre procedían de cristianos integristas, con una sensibilidad más próxima al fascismo que al evangelio. Algunas de esas hienas me reprocharon haber adoptado perros y gatos abandonados y no haber adoptado humanos. Mi mujer y yo tampoco pudimos adoptar por padecer enfermedades graves y de evolución incierta. Sin embargo, si no hubiera sido así, si hubiéramos podido tener hijos o adoptarlos, también habríamos acogido perros y gatos abandonados, como hicieron mis padres y mis abuelos. El corazón, si no es pequeño y mezquino, puede albergar infinidad de afectos. Y querer nunca resta. Solo suma.
Cuidar nunca ha constituido un sacrificio inaceptable para mi mujer ni para mí. Durante cinco años, cuidamos en nuestro domicilio a mi madre con Alzheimer y durante dos y medio a mi hermana Rosa, que se había quedado en silla de ruedas por culpa de la neurofibromatosis. Los que critican a los que amamos a los animales no suelen cuidar a sus familiares ni las personas vulnerables, pero utilizan la demagogia para justificar su desprecio por nuestros hermanos menores. Olvidan que los humanos no somos dioses, sino mamíferos con un cerebro hipertrofiado.
A estas alturas, casi celebro que mi mujer y yo no hayamos tenido hijos, pues el mundo está saturado de crueldad y egoísmo. A nadie le importa nadie. Cada vez más ancianos con hijos mueren solos y la amistad casi siempre es un vínculo muy débil que no suele generar compromiso. En cualquier caso, no tener hijos es una opción perfectamente legítima.
Mi padre, el escritor Rafael Narbona Fernández de Cueto, escribió: "Pocas cosas nobles salen del corazón de los hombres". Me duele pensar que tenía razón. He intentado superar esa visión pesimista de la condición humana, pero cada día encuentro menos argumentos para conseguirlo. Y en cuanto a la vida, no sé si es un milagro o una maldición. Si solo somos biología, si todo muere y desaparece, la conciencia es el tormento más refinado del cosmos. Como decía Cioran, "la conciencia no es una lucidez, sino una llaga abierta en el centro del ser. Dichosos los que no tienen conciencia de nada, porque para ellos la vida pasa como un sueño".
Toni Cantó cobró 75.000€ de dinero público como responsable de la Oficina del Español, chiringuito creado por Ayuso para recolocarlo tras quedarse fuera de las listas del PP por no estar empadronado en Madrid. Ningún juez abrió investigación por caso de enchufismo y corrupción.
Lo único bueno de lo de David Sánchez y Begoña Gómez es que ahora el PSOE (y por extensión mucha gente) ya sabe el pan que se da cuando un juez te persigue por tus ideas, por ser quien eres o simplemente por la cara.
Adecentar al poder judicial debería ser prioritario.
¿Y no sería más fácil si los jueces decretasen una ley de vagos y maleantes para encarcelarnos a los malos españoles?
Sería más rápido y barato hacerlo en grupo que seguir con todo este rollo de inhabilitar a uno, quitarle el pasaporte a otra, detener a este y aquel...
A éste hombre le han jodido la vida, le han condenado por Prevaricación,sin encontrar una sola prueba ( No lo digo yo,lo han dicho "sus señorías" en la condena..En cambio,M.Rajoy ROBA Y PREVARICA y los "Señores jueces no saben quién coño es.. Alucinante 🫣
-La familia de Feijoo no se investiga.
-La Familia de Moreno Bonilla no se investiga.
-La Familia Juan Francisco Pérez Llorca no se investiga
Que coño está pasando con la justicia en este País.
Un humorista se ha pasado la noche en un calabozo detenido por una reclamación judicial de Abogados Cristianos. Seguid pensando que esto es lo normal y volveremos a la ley de vagos y maleantes.
Mal pensado. No ves que a Vito es muy difícil localizarle. Se suele mover por el Senado, antes por el Congreso, sitios recónditos donde los haya, y la policía y la gente apenas le conocen. Es más fácil detener a Héctor en una terraza en Salamanca.
@AlanBarrosoA .@NunezFeijoo:”Estoy convencido que la amnistía es inconstitucional y que la UE no la va a validar”.
Feijoo haciendo el RIDÍCULO.
Da igual cuando leas esto.
🇺🇸 Trump: "I am not speaking with Spain, they are a waste of time. I want them to leave NATO, let's cut all ties and impose sanctions..."
🇪🇸 Sánchez: "Stay away from us. Instead of picking a fight with us, explain your own relationship with Epstein."
En las elecciones del 2027, le tenemos que dar una lección que no olviden : ni la oposición, ni el poder judicial, ni los empresarios que subvencionan a PP y VOX, ni la CEOE !!!!!
El PSOE debería sacar, como mínimo, mayoría simple; para no tener que pactar con tantos partidos !!!
#ÚLTIMAHORA
🔴La ONU nombra a Pedro Sánchez nuevo copresidente de los Defensores de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que forman parte de lo que se conoce como Agenda 2030.🌹👏👏
La fachosfera hiperventilando.🥂🥂