Soñé que el frío me calaba los huesos y desperté temblando. Era como si mi cuerpo hubiera sabido que iba a reencontrarse con el tuyo, en otro plano, en otro tiempo.
En la inmensidad de la noche, escucho su voz en los pasillos, como si su esencia se hubiese quedado impregnada en las paredes, como si nunca se hubiese marchado.