No importa cuánto ames a un hombre, tu amor nunca va a ganarle a su crianza, a los años en los que nadie lo escuchó, a su padre o madre que no estuvieron presentes en su vida, a la idea mediocre del amor con la que creció… y mucho menos a su fachada de autosuficiencia.
Todas las mujeres que fui, no están muertas. Aún viven en mí, para recordarme quién fui, qué ya no quiero ser, ni permitir. Matarlas sería como borrar una parte de mí, que lo vivido fue en vano.