. . . no le importaría sacrificar su flujo de trabajo por una buena razón, y esa en especial es completamente válida.
— Bueno... no se debe a una falta de confianza.
En general, acostumbra a andar en su forma humana. Son contadas las veces que suele 'rotar'.
— ¿Definir adorable? Uhm . . . Digamos que viéndote tan ruda un par de orejas te harían ver más suavecita.
Vuelve la mirada, mirándola directamente a los ojos con una sonrisita.
— Te verías muy bien, definitivamente.
Se acercaría a robarle un beso, pero está +
Cerró los ojos, reposando su mejilla en el pecho ajeno y frotándose lentamente. Sentía su cuerpo más pesado, incluso.
— Un sofá... sí, un sofá estaría genial...
Comenzaba a arrastrar las palabras, y su tono había bajado considerablemente.
Él tampoco mostraba signos de querer soltarla, al contrario, ya se estaba acomodando aún más a su lado.
—Sería bueno… tal vez un sofá… o algo así…
Su voz ya se comenzaba a escuchar somnolienta.
Tomó uno de los caramelos tan pronto la bolsa estuvo a la vista, sacándolo torpemente del envoltorio. Era incómodo con una mano, pero no imposible.
— ¿Tú no lo estás?
Soltó una risilla, liberándolo ahora que había admitido la derrota. Echada a un lado, buscaba con la mirada la bolsa de caramelos.
— Oye, Dan... ¿dónde...?
Ni siquiera culminó la pregunta.
No se sentía somnolienta, al menos hasta ese momento, pero, en medio del confort, seguramente no demoraría en unirse al mood.
— Mucho mejor que quedarnos acá parados.
Asiente lentamente, pero no muestra señales de separarse aún para moverse de sitio. Ah... es difícil.
Aunque ella no pudiera ver su rostro había una sonrisa formada en este mientras se recargaba en ella.
—Entonces… ¿Qué tal si nos ponemos cómodos?
En cualquier momento podría hasta quedarse dormido en sus brazos, debido tanto al cansancio como la comodidad que le daba el aroma.
Reposicionó ambas manos sobre los hombros de Daniel, intentando inmovilizarlo con el peso. No pensaba morder mucho más de lo que ya lo había hecho, pero era divertido molestarle.
— Un intento de huída sólo hará que quiera ir tras ti, Dani. ~— el tono rozaba lo cantarín.
— . . .
Ahora fue ella quien se echó a reír. Con una mano a cada costado, se alzó lo suficiente para mirarle de frente.
— Ya que lo dices, podría darte una probadita para ver qué tal.
No era el único que soltaba sonidos de satisfacción, sentía que podría incluso derretirse en medio del agarre en cualquier momento.
Estaba absorta en su aroma y calidez.
— Tendrás que aguantarme así un rato más... no me preguntes cuánto.
Cerró los ojos, respirando hondo.
Sus sonidos de queja eran callados por el abrazo en el que estaba apretado, mismos que se volvieron sonidos de comodidad al estar así con ella.
Cercanía aprovechó para olfatearla un poco antes de apretar un poco más el abrazo.
—Ya extrañaba tu aroma…
Respondió desde su propia
. . . en su defensa, es débil ante los mimos y llevaba bastante sin verle. Ambos factores influyen en su comportamiento.
Hincó los dientes en el mismo hombro, muy suavecito, a modo de queja por la carcajada.
Aflojaba el agarre, cediendo poco a poco a las atenciones recibidas. Frotaba ahora la mejilla, de forma floja, contra el hombro del varón.
— Ni te preocupes, el trabajo estará hecho antes de que lo apruebes.
— Creo que con una cola me basta y sobra...
Más de una sería un reto para su paciencia... uno complicado de superar. Agradece mentalmente poder ocultar sus rasgos lobunos.
— . . . definamos 'adorable'.
. . . era un avance, después de todo.
— Acondicionador...— dio un breve vistazo a las colas, pensando.— ¿Un frasco entero por sesión en esos casos?
Tal vez exageraba la magnitud... o probablemente no. No subestimaría esas nueve esponjosas extremidades. Podía visualizarlo-
. . . Quizás hora y media . . .
— Bueno, si me descuido luego no puedo desenredar el pelaje sin tener que tirar muy fuerte o con mucho acondicionador, y los tirones duelen mucho, aparte de que usar tanto acondicionador repercute en mí bolsillo.
Suspira, al menos logró+
La cola, ahora visible, se agitaba frenéticamente de lado a lado. Su rostro estaba hundido entre el hombro y cuello ajeno; respiraba hondo, disfrutando del calor y aroma.
— Me sentiría ofendida de ser el caso contrario.— bromeó.
Cuando giró, no pudo contenerse mucho más. No fue al punto de carcajear, solo unas pocas risas risueñas.
No, no se arrepentía en absoluto de su inusual saludo.
— Uhm... no creo. Me es más divertido de esta manera.
El abrazo fue correspondido de inmediato. Apachurrándolo con
. . .
Pequeña risa comenzó a salir por la sensación en su cuello, misma que fue cortada abruptamente por la mordida, cambiando a un quejido.
—¡O-oye!
Ya quitó las manos de sus ojos para voltear a ver a su agresor, solo para encontrar los ojos ajenos, haciendo que su