Esta es la Panadería Santa Caterina, Altamura, Puglia, Italia 🇮🇹 .
Es la panadería comunitaria más antigua de Italia, activa desde 1391.
El arte de hacer pan…
Es sabido que en los siglos XVIII y XIX, empapados de academicismo, muchos escritores podían pasarse días, semanas, meses y años discutiendo sobre la colocación de una coma en una frase determinada. Esa inocente coma se convertía así en la causante de decenas de valiosos tratados, compendios y correspondencias de ida y vuelta todas cargadas de ejemplos históricos y citas de autoridad. El Renacimiento, cuatro siglos atrás, no nació tampoco a partir de grandes ideas artísticas o religiosas, sino, como magistralmente explicó el ya añorado Francisco Rico en "El sueño del humanismo", desde las oscuras tripas de los libros de gramática. Del "Qui, quae, quod", por decirlo rápido, nació Leonardo.
A mis alumnos trato de explicarles a menudo que las grandes obras no suelen ser producto tanto del genio como del interés y del esfuerzo, del ensayo y el error, de la capacidad para captar las necesidades del momento y darles una respuesta satisfactoria. Todo lo contrario, por cierto, a lo que impulsa la educación actual, más tendente a considerar que todo niño es un prodigio que a tratar a cada uno como un reto al que sacarle el máximo potencial posible.
El culto a la creatividad se ha impuesto en nuestros centros educativos. Se trata de un concepto etéreo convertido en sagrado y que ha justificado y justifica verdaderos expolios en la mente y en la caja común. Sobre todo, porque estamos en una sociedad que rechaza el conocimiento, que considera superflua la memoria, y que pretende erigir sobre ese páramo de conocimiento y memoria el tótem al supuesto Dios de la creación. La "creatividad" es el motor del movimiento woke, la manzana podrida del adanismo actual y el bolígrafo roto de nuestro fracaso educativo.
Decía Mauricio Wiesenthal, con una lucidez a prueba de tontos: "La escuela no puede ser rupturista. Rupturista puede ser el creador. La escuela tiene que ser formativa, una escuela que mantenga las tradiciones y la memoria." Sin escuela no puede haber creador, sin conocimientos no puede haber creatividad. Cuando a los alumnos les animamos a "crear", a expresarse de forma natural y al margen de otra influencia que la de sí mismos, que la de su propia animalidad, lo que hacemos es fomentar su narcisismo y la creencia de que su aparición sobre el planeta supuso un antes y un después, un punto de inflexión que justifica cualquier transgresión cultural, política o legal.
La "creatividad" al margen del conocimiento, despojada de la memoria, alejada de la tradición, solo puede ser un conglomerado de materiales de deshecho, un producto (ciertamente creativo) configurado por el cuerpo a partir de elementos no digeridos. Lodos de aquellos polvos. Y esto vale tanto para el campo artístico como para el terreno moral. Desde los ya lejanos acordes de The Wall, la escuela ha sido percibida como un agente perversor de la infancia, de creación inhumana de cuadros proletarios sin alma (ni conciencia de clase), de modo que, tal y como señala Theodore Dalrymple en Sentimentalismo tóxico, "la forma de crear mejores adultos y asegurarnos de que la degradación no se produzca, es encontrar la mejor manera de preservar esa inocencia y esa bondad." Al final, concluye el autor, "la educación correcta consistiría en evitar la educación."
Ni hay un genio en cada alumno ni todos los caminos llevan a Roma. Si acaso, Roma, y esa esta es una de las grandes lecciones de aquel sueño del humanismo glosado por Francisco Rico, es la que puede enseñarnos por dónde podemos empezar el viaje.
@CAPUFE@rriverole El accidente esta fuera de su cobertura, peros los que estamos detenidos si estamos dentro de su area de cobertura y nos serviría algo mas de imformación, como por ejemplo tiempo estimado de resolución, podrían comunicarse con los servicios que atienden la emergencia e informar.