Pero qué pollazas es ese vestuario jddjsjjdjfbd no solo hay palizas por doquier sino que en los partidos hay jugadores que llaman CONO a Arbeloa Jfjfjfjfjf
“EL CONO NO TIENE NI IDEA”, estoy a lágrima viva, el daño que ha hecho Piqué a ese pobre hombre no es real,
@lsfernandeza Con estos presupuestos, lo mínimo sería invertir en mejorar la web para que los ciudadanos puedan gestionar sus trámites sin volver locos. Actualmente es un caos.
Y recuerden a sus funcionarios que el cargo es para servir al ciudadano, no para ajustar cuentas personales.
VACUNA RUSA 🇷🇺 CONTRA EL CANCER
La vacuna rusa contra el cáncer, llamada EnteroMix ya está lista para su uso masivo. Tras 3 años de pruebas preclínicas, se ha demostrado segura y eficaz: reduce el crecimiento tumoral en un 80% aprox y aumenta la supervivencia notoriamente . En un comienzo se utilizará en cáncer colorrectal y posteriormente se utilizará también para glioblastoma y melanomas.
Será gratuita en Rusia
El PP de #SanSe siempre coqueteando con la catástrofe. Y luego cuando sucede nunca asume responsabilidades ni facilita los medios necesarios para solventarlo.
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Torre Pacheco, el antirracismo selectivo y la estrategia marroquí.
Por Taleb Alisalem
Un anciano ha sido agredido en Torre Pacheco. El agresor, un joven marroquí. El hecho, grabado. Las reacciones, inmediatas. La narrativa, predecible. La izquierda mediática se lanza a denunciar el “auge del racismo”, “la extrema derecha” y “la islamofobia”. Los mismos de siempre, con los mismos adjetivos, con el mismo guion.
Pero aquí no hay ningún auge. Lo que hay es hartazgo. Lo que hay es un Estado, Marruecos, que ha hecho de su emigración una herramienta de presión política, y una parte de su diáspora una extensión blanda de su aparato de control. Y lo que hay, sobre todo, es una izquierda cobarde, domesticada y selectivamente ciega. Ve racismo en un tuit crítico, pero no ve supremacismo en los vídeos de marroquíes ondeando su bandera en suelo español tras agredir a un anciano.
Sí, se han ondeado banderas marroquíes en Torre Pacheco. No por nostalgia. Por territorio. Por dominio. Por desafío. Por supremacismo colonial.
Hay algo que no se quiere decir en voz alta, pero que muchos en silencio ya piensan, el proyecto integrador está roto. Y lo han roto quienes no vinieron a integrarse, sino a expandirse. Marruecos no ha exportado ciudadanos, ha exportado agenda. No ha mandado familias “necesitadas”, ha desplazado una ideología. La misma que ocupa mi tierra, el Sáhara Occidental, que oprime a su propia prensa y que alimenta en Europa una red clientelar de obediencia, chantaje y tribalismo.
¿Y qué hacen los colectivos “antirracistas”? Lo de siempre, callar. Callan cuando saharauis son amenazados. Callan cuando activistas son perseguidos por marroquíes en España. Callan cuando en las calles de Barcelona la criminalidad tiene rostro y nacionalidad, pero denunciarlo es “fascista”“Nazi” y “ultraderecha ultraderecha. Callan, porque el problema no es el racismo, sino quién lo sufre. Y si no eres útil a su causa ideológica, no mereces ni una línea de apoyo.
Es curioso cómo funciona la indignación selectiva.
Si un español reacciona ante la agresión de un anciano, es un nazi.
Si un marroquí agrede, es un caso aislado.
Si un barrio se defiende, es extrema derecha.
Si ondean banderas marroquíes del régimen del dictador Mohamed VI en suelo español, es “expresión cultural”.
HIPOCRESÍA con mayúsculas.
Lo que está ocurriendo no es nuevo. Forma parte de un modelo calculado, victimizar a la comunidad marroquí cada vez que alguien osa denunciar lo obvio. Mientras tanto, se criminaliza toda crítica, se anestesia la conciencia y se vacuna a Marruecos de cualquier responsabilidad. Y si alguien se atreve a hablar claro, lo llaman “ultraderecha” “Nazi”… Así se ha construido el nuevo totalitarismo moral, o te callas, o eres el enemigo.
Y mientras tanto, España arde.
Arde en la confusión. Arde en barrios donde la ley ya no es la Constitución, sino la ley del más violento. Arde en discursos institucionales que prefieren proteger sensibilidades ajenas antes que los derechos de sus propios ciudadanos. Arde mientras Marruecos gana terreno, simbólico, económico, político y ahora también callejero.
Torre Pacheco no es un caso aislado. Es un síntoma. Un espejo. Una advertencia. Y quien no quiera verlo, que mire mejor. Porque la bandera marroquí que ondearon está noche, no representa a un pueblo, representa a un régimen. Y ese régimen ha aprendido a infiltrarse no con tanques, sino con víctimas. No con soldados, sino con relatos. Y lo está consiguiendo porque Europa ha perdido el coraje de llamar a las cosas por su nombre.
Pues bien, yo no lo he perdido.
Sí, hay violencia importada.
Sí, hay lealtades extranjeras antes que cívicas.
Sí, hay una manipulación sistemática del victimismo para proteger a un Estado agresor.
Y sí, me puedes vomitar tu odio y falta de argumento en forma de “nazi” “ultraderechista” para dejar evidente de dónde procede el autoritarismo nazi. De ti.