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Carta abierta para la presidenta de México Claudia Sheinbaum @Claudiashein
Le escribo estas líneas para agradecerle que la muerte de mi sobrino Gabriel Salvador Martinez Flores no se encuentre ni siquiera en la nota roja de los diarios o los portales web que registran los asesinatos de nuestro país.
Salvador, -Salvita-, no forma parte de la estadística de crímenes, porque no, no fue, no es y nunca será un número.
Salvita era un ser humano que comenzaba a vivir cuando dos balazos cortaron su breve vida.
Sólo tenía 21 años.
Quizá usted maliciosamente pensará... "En algo andaba", pues justo le quiero contar en que andaba.
A Salvita le faltaba 1 año para graduarse de la carrera de Criminología en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí #UASLP. También era seleccionado del equipo deportivo de su facultad en la disciplina de tiro con arco en donde obtuvo innumerables premios y medallas en competencias en diversos estados de la República.
Salvita buscaba salir de una vida de limitaciones económicas, al tiempo que perseguía sus sueños de ser un profesionista y sacar de trabajar a su madre. Él organizó un pequeño negocio en su facultad, a sus compañeros y maestros les vendía comida, -chilaquiles verdes, empanadas y gelatinas- a su micronegocio le puso por nombre "Los muertos de hambre", todos los días el preparaba las salsas y el resto de los insumos y se los llevaba en su bicicleta hasta la uni.
Los domingos, -junto con su mamá y hermanos-, vendía ropa en un tianguis de la colonia donde vivía. Él era el responsable de montar y desmontar semanalmente el puesto de la ropa que su mamá adquiría en Chiconcuac, estado de México.
De lunes a sábado, -aparte de asistir a su escuela y acudir al entrenamiento de tiro con arco-, tenía la responsabilidad de llegar a su casa para preparar los alimentos de su abuela, -mi madre-, una mujer de más de 80 años, ya que la mamá de Salvita, -mi hermana-, trabaja en una lavandería y llega hasta las 7 de la noche.
Salvita amaba la vida, rescataba perros y gatos, sembró en el patio de su casa un pequeño huerto con un limonero, malvas, rosales y un ave del paraíso que orgullosamente presumía.
En vacaciones escolares conseguía trabajos de todo tipo, -entrega de comida, vigilancia, limpieza y no sé cuántos más-, porque se había fijado como objetivo viajar y conocer el país de #Colombia.
Quizá por todo lo que he mencionado, la funeraria en SLP dónde velamos sus restos, fue insuficiente para los cientos de personas que acompañaron sus restos. Llegaron muchachitos ex-compañeros de secundaria, el equipo de completo de tiro con arco de la Facultad de Derecho, sus compañeros de la universidad, sus profesores, amigos de la infancia, muchos vecinos, familiares del rancho, familiares de su desconsolada novia, en fin toda mi familia.
Al cementerio llegó mucha gente con globos y lo despedimos con mariachis y cientos de flores blancas.
Señora Sheinbaum, que bueno que Salvita no forma parte de las estadísticas y de los fríos números del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, porque Salvita no es, ni nunca será un simple número.
Señora Claudia Sheinbaum, en estos momentos que le escribo, estoy escuchando el desgarrador llanto de mi madre que se está muriendo de dolor y pide a gritos dejar de vivir.
Mi hermana sigue en shock y todavía no alcanza a dimensionar el tamaño de la desgracia con la que tendrá que lidiar el resto de su vida.
Los hermanos de Salvita actúan y funcionan en este duelo como meros autómatas.
Y yo estoy aquí por primera vez viviendo en carne propia lo que todos los días leo en las noticias que diariamente enlutan a nuestro país, rogándole a Dios que esta sea sólo una pesadilla de la cual voy a despertar en cualquier momento.
@LeonJerseys Es más de lo mismo, empezará a quejarse de
Lo corto del equipo etc etc y creo q sale más barato el cambio de técnico q comprar buenos jugadores