Me gustaría estar en tu corazón
cuando lees mis poemas.
Me gustaría estar en tus venas
cuando escuchas mi canción.
Me gustaría estar en tu pasión
cuando miras mis letras.
Me gustaría estar en tus penas
cuando escuchas mi oración
Entendí por sus ojos lo que no quería entender
y sentí en mis labios el tacto de su boca fría.
Respiré la despedida que mi corazón no quería.
Busqué en mi pecho una esperanza vacía
y me tumbé en la ausencia que no sabía vencer.
Me gustaría estar en tu corazón
cuando lees mis poemas.
Me gustaría estar en tus venas
cuando escuchas mi canción.
Me gustaría estar en tu pasión
cuando miras mis letras.
Me gustaría estar en tus penas
cuando escuchas mi oración
PARA TI … Y LO SABES
Quiero quitar la cinta de tu cabello,
para que lo agites y lo dejes caer
sobre el borde de tu desnuda piel,
mientras en el reloj se para el tiempo.
Quiero rozar con mis labios tu cuello
y enredarme entre los nudos de tu red,
mientras la luz hace sombra en la pared
y tus lentas caricias me dejan indefenso.
Quiero sentir entre mis piernas tu sello.
Lléname de colores la punta de mi pincel.
Hazme de tus deseos tu infinito rehén
Y que sea en tu cárcel el único prisionero.
Quiero aprender a pescar en tu riachuelo.
Invítame a comer con tu cuerpo como mantel.
Déjame escribir sobre tu espalda como papel,
y ayúdame a guiar el camino de mis dedos.
Quiero escalar hasta la cima de tu pecho
y bajar para regar las flores de tu vergel.
Enséñame esta noche tu más bello clavel.
Acuéstate a mi lado y déjame ver el cielo.
YA SÉ QUE NUNCA MÁS VOLVEREMOS A VERNOS
Ya sé que, nunca más, volveremos a vernos.
Que nuestros labios ansían sabores nuevos.
Que ya no nos entretienen los mismos juegos.
Ya sé que, nunca más, volveremos a vernos.
Que nuestras pieles no buscan el mismo fuego.
Que nuestros barcos atracan en otros puertos.
Ya sé que, nunca más, volveremos a vernos.
Que sólo nos pronunciamos la palabra “luego”
Que ya, aunque yo quiera quererte, no puedo
Ya sé que, nunca más, volveremos a vernos.
Oigo, en la soledad del mar, su desatado llanto,
mojado entre la angustia que viaja de pasajera,
buscando, a cada instante, la respuesta sincera
a la pregunta de ¿por qué te he querido tanto?
¿Te acuerdas de cuándo nos entendíamos sin decir palabras?
¿Cuándo reconocíamos todos los olores, sonidos y contactos?
¿Cuándo un roce de labios era la mejor firma de nuestro pacto?
¿Cuándo ninguna distancia podía ser larga para nuestras almas?
¿Cuándo las únicas cuerdas que nos ataban eran nuestros brazos?
DESPERTAR CONTIGO
Apagamos los labios y dejamos, en el mar, marchitarse la luna.
Con el nuevo alba llegará el rocío a besar a las húmedas flores.
Ciegos nos levantaremos y, callados, admiraremos sus colores,
apoyando, hasta que despierte, al rojo clavel en su seca cuna.
Si ahora yo te dijera que me acompañes a andar por sitios prohibidos,
que rompas tus olas sobre las sólidas rocas de un mar oscuro y ciego,
que borres de tus renglones todas las palabras que contengan miedo,
que prendas una antorcha que encienda las brasas manchadas de hielo.
¿Me podrías susurrar, al oído, que quieres compartir tu vida conmigo?
QUIZÁS SEA TARDE
Me preguntas si aún te amo y no sé qué respuesta he de darte.
Me da pena pensar que nunca se volverá a ocupar ese espacio.
Pero quizás sea tarde para que el tiempo vuelva a pasar despacio.
Pero quizás sea tarde para que mi corazón vuelva a querer amarte.
¿Quién ha dicho que se marchitan los besos
y que el río del amor siempre seca su cauce?
¿Quién ha dicho que las venas pierden sangre
y que unos ojos no pueden tenernos presos?
ATARDECER
Es por la tarde y ya no tiene brillo el resplandor
y la luz se sumerge en el último aliento del día.
Las flores cierran las hojas con su lenta melodía.
La voz del viento va recitando su atractiva letanía
y las olas van durmiendo al sonido de su rumor.
Recuerdas cuando tus ojos se perdieron en mis labios,
y los míos, sin detener el paso, detuvieron el tiempo,
desplazando la tristeza y cambiando el amargo viento,
sorbiendo, de la agotada fuente, las dudas y el miedo.
Recuerdas cuando no había prisa y todo era despacio.
Me despierto y sigo obediente el camino de mis manos
que van descubriendo los rincones secretos de cuerpo
y corren, como un río de pólvora, hacia unos pechos,
que se yerguen erizados y hambrientos de besos
con la ansiedad y el deseo de ser el mejor teclado.
DESPERTAR
En la penumbra, una lámpara iluminando tu rostro
y a través de la ventana un mundo lleno de colores,
que pintan los recuerdos de nuestros lejanos amores
y borran el tiempo y derriten, de la nieve, los copos,
mientras la noche aúlla por el eco de nuestros ardores.
En la madrugada, la humedad mojando tus hombros,
y debajo de las sábanas una piel sudando sus calores.
En la pared, el ruido del reloj que alimenta los temores,
y, entre sombras, aún cerrados, el contorno de unos ojos,
que buscan abrirse, desnudos, sin límites ni pudores.
EL SONIDO DE TU CORAZÓN
No es tu piel moteada como una luna rosa,
ni tu patinar elegante sobre el duro hielo.
No es el dorado marrón de tu brillante pelo,
ni la luz que se refleja entre tu cara pecosa.
No es el tono de la tormenta en tu voz mimosa,
ni el lecho donde se posan tus erguidos senos.
No es el regalo que abren tus suaves dedos,
ni el tacto sugerente de tus piernas celosas.
No es la miel que mana de tus fuentes golosas,
ni la deseada ausencia de tu inexistente vello.
Es el sonido del corazón, que late en tu pecho,
el que mantiene mi alma tan enamorada y ansiosa.
OJALÁ MI FIDELIDAD …
Ojalá pueda mi fidelidad ser regada por la ola del amor,
pues tú eres, para mi alma, el perfume que la envuelve,
el roce de la nueva ilusión que, a la esperanza, devuelve
la llama vacilante sobre las ardientes ascuas del corazón.
Ojalá mi fidelidad no pueda ser volada por el aire del adiós,
pues quiero que tus ojos sean el ascensor que me eleve.
Quiero que tus labios sean las antorchas que me quemen
y que, sentir tu presencia, haga prisionera a mi razón.
Y SI AMARTE NO FUERA PECADO
Y si amarte no fuera pecado.
Y si tú fueras la penitencia.
Y si no opusiera resistencia.
Y si no existiera el pasado.
Y si mi boca no tuviera paciencia.
Y si las palabras se han cansado.
Y si tuviera voz la ausencia.
Y si al final no hubiera sentencia.
Y si el infierno no estuviera debajo.
Y si entre amar y odiar no hay diferencia.
Y si siempre estuvieras a mi lado.
Y si la mente dejara la consciencia.
Y si quererte fuera la urgencia.
Y si tu tesoro sólo se viera en mi plano.
Y si pudiéramos olvidar la prudencia.
Y si tu cuerpo fuera un melodioso piano.
Y si tus caderas eligieran la cadencia.
Y si firmara compromiso de permanencia.
Y si fuera exclusivo el uso de tu teclado.
Y si tu carne estuviera exenta de abstinencia.
SENTIMIENTOS DERRETIDOS
Estoy rodeado de señales pero me encuentro perdido.
Dirijo hacia el fondo de la nada mis pasos temblorosos.
No me gusta la música de los desacompasados sonidos
que yacen en el aire junto con los silencios miedosos
y no olvidan los restos de los sentimientos derretidos.
Estoy con los ojos abiertos pero me siento dormido.
En el cielo ya no hay nubes, pero veo el tiempo lluvioso.
Escucho el silencio y me parece que hace mucho ruido.
Tengo los cristales transparentes, pero lo veo borroso.
No me quedan ganas de luchar y al final me he rendido.
BÉSAME
Bésame cada noche sobre el suelo iluminado por la luna.
Bésame a través del sendero marcado en la verde hierba.
Bésame en el espacio que dibujan las sugerentes piernas.
Bésame entre las olas del agua dulce de la húmeda laguna.
Bésame como el viento del desierto acaricia las altas dunas.
Bésame como si escogieras, de la flor, las hojas más tiernas.
Bésame como besa el verde musgo la superficie de las piedras.
Bésame, y que el lecho de las nubes nos haga de blanda cuna.
Al final todo regresa a su forma más original
y la vida retoma, de nuevo, sus ambiciones.
Al final siempre oímos las mismas canciones.
Tenemos frío y calor en las mismas estaciones
y todos los sentimientos tiene principio y final.