Nada mejor que la Isla de Margarita, la Empanada Cazón. Playa Guacuco, La Plaza Bolívar y la Catedral de la Asunción. #BRINGTHEMBACK#LOSQUEREMOSDEVUELTA
Creo en las 2das oportunidades; pero no creo q todos la merezcan.
Que tengan un excelente sábado #6Agosto. Recuerden siempre que la Lealtad es nuestra mejor carta de presentación.
@vdcallejas Te fuiste porq tu familia monte aceptaba... Porq querías hacer tu vida lejos de los que te señalaban...
Te fuiste a vivir tu libertinaje.
Deja tu drama....
No has abrazado a tu mamá en 8 años porq no has querido. Simplemente porq no es eso lo que te importa.
Imbécil.
Es un país lleno de talento esperando que alguien más empiece a ordenar.
Y sin embargo, la buena noticia sigue ahí: Colombia no está rota. Está desordenada
Un país que no decide su rumbo termina discutiendo su cansancio.
En Colombia todos esperan que otro cargue el costo: el Estado al privado, el privado a las reglas, la política al tiempo y la sociedad a soluciones sin sacrificios.
El crecimiento no depende solo de condiciones ideales. Depende de dirección, continuidad y orden.
Si un país asediado puede sostener una trayectoria, uno sin sanciones debería al menos decidir hacia dónde va.
No por milagro ni por retórica, sino por algo más simple: decisiones sostenidas, una hoja de ruta clara y la convicción de mantenerla. La comparación no es para idealizar, sino para recordar algo básico.
El desorden no destruye de golpe: desgasta hasta que nadie quiere empujar.
Y aquí aparece una comparación incómoda pero necesaria: Venezuela, aun bajo sanciones y bloqueo, ha logrado 20 trimestres consecutivos de crecimiento económico
Mientras tanto, el Estado promete con entusiasmo y ejecuta con fatiga. Programas que nacen con nombres brillantes y mueren en silencio. Gobernar se confundió con anunciar, cuando gobernar es ordenar y sostener
La gente no pide discursos grandilocuentes. Pide constancia.
Que el Estado esté siempre, no solo cuando hay cámaras. La autoridad intermitente no ordena: confunde y debilita.
La inseguridad completa el cuadro del desorden. No como concepto, sino como experiencia cotidiana: extorsiones normalizadas, zonas donde operar implica negociar y una justicia que llega tarde o no llega. La ley pierde prestigio.
El mensaje implícito es devastador: destacar incomoda y tener éxito te convierte en objetivo. Así no se estimula el progreso; se enseña a esconderlo.
Un sistema que sospecha del éxito termina educando en la mediocridad.
A eso se suma una distorsión cultural corrosiva: en Colombia, al que le va bien se le presume culpa. El éxito económico se mira con sospecha y la riqueza se asocia rápido con corrupción. Crecer se vuelve peligroso.
La improvisación permanente es una forma elegante de cobardía política.
Evitar decidir, estirar los conflictos y dejar todo abierto no es prudencia: es par��lisis. El desorden no es accidental; es el resultado de evitar elegir.
La carga tributaria pesa, sí. Pero pesa más su complejidad, su interpretación cambiante y la sensación de que siempre puede aparecer una sorpresa. Nadie planifica así: uno se protege. Y cuando todos se protegen, nadie expande.
Al inversionista le pasa algo similar. No huye de impuestos ni de regulación. Huye de no saber qué reglas seguirán vigentes mañana. Invertir se parece a jugar mientras alguien cambia el reglamento a mitad del partido.
Cuando contratar es complejo, formalizar es caro y capacitar no garantiza productividad, el trabajo deja de ser una promesa y se vuelve una apuesta incierta.
Cuando el esfuerzo no produce sentido, la fatiga deja de ser física y se vuelve moral.
La energía social no se pierde. Se desperdicia.
Se trabaja más, se explica más, se cumple más… y el resultado no acompaña. El costo de vida corre más rápido que el salario y el esfuerzo perdió algo clave: previsibilidad
Por eso el malestar es tan transversal. No es ideológico, es práctico.
Hoy trabajar, producir, invertir y crecer exige m��s paciencia que visión. Y cuando un país pide paciencia para todo, termina expulsando la energía que necesita para avanzar.
/
Un país no se arruina por falta de talento, sino por incapacidad de ordenarlo.
Cuando el desorden se vuelve crónico, desgasta más que cualquier crisis. No explota: cansa. Y un país cansado deja de empujar incluso cuando podría avanzar.
“Colombia no está rota. Está desordenada.”
Aquí el talento no escasea: se desperdicia. Vive en empresas que sobreviven a punta de ingenio, en trabajadores que se reinventan y en inversionistas que insisten aunque el entorno no acompañe. Capacidad hay. Orden, no. Abro 🧵
Con las declaraciones de Marco Rubio hoy, es imposible no sentirse orgulloso de Nicolás Maduro 🇻🇪
Rubio dijo:
"Hicimos múltiples intentos para lograr que Maduro se fuera voluntariamente, pero no puedes llegar a un acuerdo con ese tipo."
Esto confirma que Nicolás Maduro nunca nos traicionó, ni traicionó a Chávez. Siempre se mantuvo firme ante las presiones y amenazas de los Estados Unidos. Su resistencia ha sido un símbolo de dignidad y defensa de nuestra soberanía.
Grande Maduro, eres nuestro héroe! ✊🇻🇪