Voltear a ver atrás y ver que ya no te lastiman como antes.
Hablemos de ese dolor de cuello que cargas de tanto voltear atrás, del nombre que todavía se te atora en la garganta, de las madrugadas en que el pasado se sienta en la orilla de tu cama sin pedir permiso. Hablemos de todo lo que has resistido: de las noches que lloraste sin testigos y de la fuerza callada que hizo falta para levantarte al día siguiente y seguir como si nada doliera.Ahora date la vuelta con calma y mira otra vez esa herida. Nota algo distinto: ya no arde igual. Lo que antes te partía en dos hoy apenas te roza, y ese roce que ya no sangra es la prueba de todo el camino que anduviste sin darte cuenta.
No apresures lo que falta. Deja que el tiempo y Dios terminen de cerrar lo que tú empezaste a soltar. Un día vas a recordar sin encogerte, y entenderás que sanar nunca fue olvidar; fue mirar de frente lo que te rompió y descubrir que ya no manda en ti.
#danielhabif